Todos tenemos un grado de autocensura

Entrevista con CARLOS RANC (2 de 3)
 
SANTIAGO ROBLES BONFIL
               en colaboración con KARINA RUIZ OJEDA

 

 
¿Cuál es tu percepción sobre lo que está pasando ahora que capturaron a don Dotcom de Megaupload? Porque tu trabajo sobre lo porno tiene relación directa con el internet, de donde extraías materia prima como pozo sin fondo, por otro lado también tiene relación con tus xolos por la cuestión de la copia, el original, lo reproductible, etc.
Lo de Megaupload no es nuevo. Hace como año y medio, cuando bajaba mucha pornografía todavía, los primeros servidores que cerraron se llaman Rapidshare, que están en Suiza. Los suizos, que son muy agachones y miedosos ante los gringos, tumbaron todo y se defendieron argumentando que ellos sólo alojaban archivos de los usuarios sin saber cuál era su contenido. Un personje A en algún punto del planeta sube una película, un personaje B en otro punto muy distinto lo baja de ese servidor; ellos simplemente alojan lo que tú subes, puede ser tu tesis doctoral o las fotos de tu hijo para que las vea tu tía en Calcuta… Este grupo de suizos tenía el servidor más grande, que alojaba más cosas, un intercambio gigantesco, entonces lo cerraron hace un par de años, y fue ahí cuando ya me dio flojera cambiarme a Megaupload, porque pensé que iba a suceder de nuevo. Los de Megaupload tampoco son unos santos, es un negocio. Estaban haciendo mucha lana con una cosa bien sabida de piratería, en su mayoría.
 
 
Para mí esta discusión es una cosa totalmente capitalista, totalmente gringa, es el pleito entre Hollywood y Silicon Valley, ese es para mí todo el meollo del asunto, porque Hollywood por lo que está preocupado es porque deja de ganar supuestos millones con su copyright, estamos hablando de música y películas. En cambio, Silicon Valley lo que hace es desarrollo tecnológico; lo que más le atrae a la gente, en el fondo, es la inmediatez, poder comunicar, intercambiar, poder bajar películas y música, entre otras cosas, se vuelve más interesante que la televisión para las nuevas generaciones. Hay mucho entretenimiento, “cultura dispersa”, hay mucha información de todo tipo. En realidad es un pleito de quién está haciendo más lana. Salió hace un par de días un artículo que decía “¿cuánto le paga Hollywood y cuánto le paga Silicon Valley a los lobistas gringos para la ley PIPA- SOPA? Hollywood está pagando 4 a 1 contra Silicon Valley. El día que aumente la lana de Silicon Valley para los lobistas esta ley va a cambiar. Lo que no podemos seguir haciendo en México es copiar las pinches leyes gringas…
Tan a lo pendejo…
Tan a lo pendejo… hay otros países que también tienen sus leyes similares. Me refiero a los franceses, a los japoneses, a los alemanes, todos con sus asegunes, por ejemplo, en Japón está prohibido fumar en unos lugares y en otros está permitido, tú decides, eres un adulto, tú sabes si vas a un bar donde hay humo o no. Pero aquí a la gringa… y para acabarla de joder es una ley que pasó la izquierda, en el D.F., empezaron los perredistas, hasta la ley panista federal era todavía más leve, podías hacer secciones separadas en lugares públicos. Por supuesto, soy fumador y lo estoy defendiendo, pero es el mismo problema que estar copiando ley del copyright. El “clasemedierismo” nacional huevón e ingenuo de siempre: tenemos leyes similares a las gringas, por lo cual somos progresitas. ¡Ajá!
 
Por ejemplo, en Inglaterra tú puedes ver porno pero no la puedes bajar a tu disco duro, y no es por el porno en sí, es por el copyright. Desde el momento en que arrastras la imagen a tu desktop, es un acto ilegal. En Francia también se las dan así, tú bajas música o una película, mediante intercambio de archivos (Torrents), no que te la estés robando, sino que alguien la tiene disponible y tú la jalas, estoy hablando grosso modo de la ley: la primera vez te suspenden el servicio de internet; la segunda: prohibido que tengas internet; la tercera: vas a la cárcel…
¿Tienen manera de detectar, no que bajaste una película, pero que arrastraste una imagen a tu compu? 
Pues está muy monitoreado internet, en realidad, aquí para mí hay dos discusiones; una…
 
Floating Anarchy. Lambda Print. 110 x 110 cm
 
Strip Away 6. Lambda print. 2006
Con todo tu porno ya te han de tener en la lista… 
Me llegó una carta del FBI… como de esas de un “millón de dólares en Zimbabwe”, pero en fin… lo que quiero decir es: uno, el control. Le asusta mucho a los gobiernos, principalmente al gringo, no tener un cierto control sobre la población. Controlar internet se está volviendo muy difícil. Yo creo que están viendo, a futuro, que si no empiezan a meter leyes cabronas, se les va a ir de las manos esto, no van a poder establecer ciertos dominios sobre la población. Lo mismo que pasó en China, que le piden el código fuente a los canadienses de Blackberry para detectar a los “subversivos”, hay una serie de cosas que son de control, y estoy convencido que es lo que hay que defender. No creo que sea un problema de copyright, es como lo del software libre, como el sistema Unix, etcétera, hay una gente que aboga por él y hay que darle difusión. Yo por ejemplo, de todo lo que uso de internet, cito la fuente, no me la pirateo, es una simple cita, cuando es pertinente. Cuando estoy reproduciendo algo burdo, cuando agarro pedacitos, como los jingles, de los cuales tienes derecho a reproducir 20 segundos, en imagen probablemente la misma proporción. Como el software: libre tú lo puedes alterar sin tener que dar crédito, lo que no puedes hacer es venderlo como si fuera tuyo. En realidad creo que hay una cosa de decencia en internet, y además de libertad, que yo creo que sí hay que defender a capa y espada.
Tienes un papel tapiz creado a partir de imágenes porno de internet, en el que supongo que respetas esto que dices. Te preguntas alguna vez a quién le estás hablando con tu trabajo? Por ejemplo, una señora de Las Lomas, un chavo de Neza con tu papel tapiz… 
Hay proyectos en donde el público no me interesa, que estoy en mi especulación o monólogo. A lo mejor una vez producido hay un grupo de gente, pequeño o grande, y estoy hablando de procesos, que mi pieza sí necesita de un público. Entonces tengo que pensar muy claramente en el público, si necesito un intercambio, hay veces que mis piezas van dirigidas a un público muy específico, no siempre es igual. A veces el público es muy pertinente en mi obra y hay veces que no. Por ejemplo, las de identidad nacional, supongo que habrá gente a la que le interese, no puedo pensar en un público preciso. Es decir, creo que el tema es de un cierto interés público pero no quiere decir que a todos los públicos les interese, pero yo estoy pensando más bien en eso, en un interés genérico, y no veo a quién tengo enfrente. Hay veces, como estás viendo, que son puras citas textuales de novelas acerca de desollados, pues yo necesito que el público las lea. Sí tengo que pensar en él, tiene que haber una aproximación. Entonces es muy distinto.
 
Papel tapiz
 
Me interesaría hablar sobre… no recuerdo el nombre del artista pero me remitió inmediatamente al cubano que hace o hacía pilas de papel impresas. Tienes tu esta obra en pilas que dice “voyeur”. 
Félix González Torres. Eso también es una cita. Casi todo mi trabajo, si no son apropiaciones son citas. Más bien no es que yo lo cite, lo que estoy usando son sus tácticas. Él lo que hace son unas reproducciones masivas para que la gente se las pueda llevar, que después se volvieron coleccionables, hay muchos que ya no existen, hay otros que se pueden reproducir; por ejemplo esta pieza en la colección Jumex, te mando el archivo y tú imprimes 5 mil o 10 mil, si se acaban porque el público se los llevó, vuelves a imprimir, o en el museo de Estocolmo o donde sea, porque en eso de imprimir affiches él no es ni el primero ni el último en haberlo hecho, pero lo recordamos porque gran parte de su obra está directamente relacionada con esto, a mí lo que me interesaba era la táctica. La táctica de que el público se lo quiera llevar, que le interese la pieza. Eso es lo que yo quería hacer en esa pieza, quería que el público se la fuera llevando por partes, establecer una serie de reglas: la pieza es Voyeur, pero cada pila de pósters corresponde a una letra, y que cada vez que visitaras la exposición tuvieras derecho a llevarte sólo una letra, no todas, y así construir la palabra poco a poco. Entonces lo que me interesaba era qué letra se llevaba la gente. Si todos se iban a llevar primero la “V”, luego la “O”, o si no iban a llevarse unas y otras para que precisamente la palabra, sus letras y esa tercera dimensión fueran disminuyendo de manera aleatoria. Además cada una era un desnudo en donde estaba suajada la letra, entonces tú en realidad no es que te ibas a llevar una letra, te ibas a llevar un desnudo. Que la idea reconstruye una palabra a través de los desnudos que ibas escogiendo.
 
Voyeur. Offset suajado. 2006 – 2009.
¿No te interesa apropiarte de, en este sentido, la identidad nacional? También hay toda una cultura del porno impreso, El libro vaquero… 
Sólo me interesaba la pornografía en internet, la fuente en donde encuentras más cosas, porque sí busqué pornografía específicamente mexicana pero no quería regresar a puntos específicos, en realidad, de la que más hay es de páginas gringas, lo mismo las francesas o mexicanas, siempre están buscando un público, excepto las gringas que tienen latinas, suecas, japonesas, entras a las mexicanas y no tanto. La cultura pornográfica, y ahí sí creo que voy más allá de internet, en general es gringa. Hay una pieza en esa exposición, no sé si recuerdas, que a mí es de las que más me gusta, que otra vez no es imagen, en donde me puse a buscar todas las categorías, como estoy diciendo ahorita, suecas, japonesas, inglesas, pero también pizza, navidad…
[Risas] Yo vi esa pieza en la revista Peeping Tom, donde coincide nuestro trabajo, y la verdad es que, digo, aquí voy a parecer santurrón, pero no estoy familiarizado con esos términos. Dije: “aquí hay algo pero no logro descifrar…”, la estaba viendo con otro amigo después y me dice “ah, esas son todas las terminologías para buscar pornografía en internet” 
Claro, la pieza que está presentada es toda de un calígrafo…
¿Cómo se llama? 
De la A a la Z. Son palabras escritas por un calígrafo. Es una caligrafía no complicada de leer pero tienes que hacer un pequeña esfuerzo para leerla, la palabra no te llega inmediatamente, y claro, vas viendo un alfabeto, son casi mil palabras, pero te das cuenta que es pornografía, y eso es por una educación cultural. Es un poco a lo que se dedica mi trabajo. Había otra pieza, eran como retratos, puras caras de chinas que saqué de un librito, que en China si agarran a los que lo producen les deben cortar la cabeza, que mandan a San Francisco o ciudades gringas, y probablemente a todo el mundo, donde hay una gran comunidad china. En la pieza, tú ves que están “en pañales” en cuanto a la pornografía, es decir, el libro que tengo era de 2010 y están, en algunas, con una raqueta de tenis de 1970. Entonces te das cuenta que están en pañales reproduciendo casi una educación lineal de cómo construir el porno. Son ese tipo de cosas que me interesaban mucho, es casi histórico.
 
De la A a la Z. Tinta china sobre papel Sundance. 2009
 
¿Cuál es tu postura cuando una chica que evidentemente, con todo respeto, etcétera, basa su popularidad en su apariencia física dice “no voy a hacer pornografía, voy a hacer desnudos artísticos”? 
Los límites entre erotismo y pornografía creo que son irrelevantes.
Pero están en la sociedad. 
Sí, pero esos son los eufemismos sociales clasemedieros con los que se defiende todo el mundo, ¿qué es robar?, ¿qué es ser corrupto?, hay unos límites ya muy turbios, pero hay cosas que son eminentemente pornográficas que tienen que ver con el contexto, es decir, tú las sacas de ese contexto, hablabas del Libro Vaquero, y las metes a un museo, probablemente pierdan lo eminentemente pornográfico y adquieren un valor antropológico, sociológico por la manera y el lugar en que las presentas. Eso de pornográfico o erótico es muy fácil trastocarlo.
Porque yo estaba pensando, cuando te hacía esta pregunta del Libro Vaquero, yo vi esa pieza [señalando] y enseguida pensé que a eso se refería. Hiciste un dibujo a muro y encima pones… 
El calendario central de Playboy… pero esa en realidad es una historia literaria. Un poco para dar el contexto, es una sueca que en el 72 fue la página central de Playboy, Lena Sjööblom. El caso es que el año siguiente se hace el primer escáner, se y se transmite la primera imagen en una red, antecedente de internet, una red cerrada de universidades gringas, ya habían transmitido texto, ya funcionaba, y por primera vez desarrollan un escáner para ver si es posible transmitir una imagen. Entonces el escáner lo que hace es procesar luz y a través de un algoritmo le asigna valores a ésta, entonces logran escanear un cuadrito de 512 pixeles por 512 pixeles, muy chiquita. Pero no saben qué escanear. Entonces la anécdota es que uno de los científicos traía una Playboy y saca a la señorita Miss noviembre del 72, de hecho es la primera imagen escaneada, la primera transmitida por internet, esa es la parte literaria que me gustaba de la historia. La pintura que yo tengo a muro es sólo la cara…
 
First lady. Pintura acrílica e impresión digital. 2009.
Y en blanco y negro…
Se escaneó a color, yo decidí ponerla en blanco y negro para pensar en las viejas computadoras, y reproduzco la foto de la señorita noviembre del 72 a tamaño real, que está recargada sobre la imagen, y al lado viene enmarcado el texto que cuenta la anécdota, porque lo que es muy interesante es que se conoce como la primera dama de internet, haciendo un juego de palabras entre la mujer del presidente y la primera que apareció en internet. De hecho se sigue usando como protocolo de transmisión de imágenes, 30 años después siguen usando esta imagen porque tiene partes de mucho contraste, degradados, líneas, y hay una sociedad en gringolandia que quiere que ya usen otra imagen porque esto es vergonzoso. Pero esa parte anecdótica me interesaba mucho, son piezas muy discretas, no es pornografía en sentido literal. Piensa en el calendario central de 1972 de Playboy, eso ya no es pornográfico…
Quisiera hablar sobre la lámpara, se presentó en una exposición sobre… 
Sí, era una exposición que tenía como eje temático que era la piel, como yo siempre rehúyo a atacar de frente los temas cuando existen como tal en una exposición, lo que hice es buscar cómo le podía dar la vuelta a la piel hablando de piel. En ese momento estaba leyendo una novela donde hablaban de desollados y recordé varias novelas en donde había leído acerca del tema, y decidí hacer algo muy textual que partiera realmente del texto. Me refiero a textual en el sentido de la piel como tema de la exposición y el texto, como estoy mencionando. Seleccioné cuatro novelas; El Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce, un escritor gringo del siglo XIX que hizo este diccionario irónico; el otro que agarré fue Farabeuf, de Salvador Elizondo, una descripción médica de cómo descubren unos deltoides al retirar la piel; Murakami, en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, hay una descripción de un espía japonés que es atrapado por los rusos, que viene con un séquito de mongoles crueles que para hacerlo confesar lo desollan vivo, y son dos páginas de una descripción aberrante. Esta pieza, decidí  censurarla, es textual, pero fui encimando las palabras y queda un texto largo, donde alcanzas a semi leer… dejé partes clave para darse una idea de la crueldad, fue una especie de censura creativa, es una censura selectiva o una autocensura. El texto de Elizondo, que es una de las piezas que más me gusta, lo mandé a imprimir todo en vinil, y en vez de pegar todo el texto a pared, pegué la primera palabra y sobre esa pegué la segunda y sobre esa pegué la tercera, y al final había 600 palabras pegadas una encima de otra y quedaba un pequeño rectángulo com volumen. La censura es que no puedes ver pero ahí está todo un texto de descripción de desollados, volumétrico.
 
 
 
Hay un performance de Guillermo Gómez Peña que empieza a hablar de los papeles del artista, por ejemplo el de entertainers y de pronto él mismo se calla en partes de su discurso. Sigue gesticulando pero no hay sonido. Para mí en parte es una reflexión también sobre la autocensura, que es cabrona. 
Me di cuenta con el porno que es un tema que yo no había percibido y que había estado presente todo el tiempo, me di cuenta de que yo ejercí un grado de censura sobre mi trabajo para presentarlo al público. Autocensura: ¿cómo medias entre lo que estás viendo, lo que quieres decir y lo que vas a presentar? Todos tenemos un grado de autocensura, en la cotidianidad, socialmente. Como artista era muy importante hacerlo visible, la pieza con la que abrí la exposición grande y mi última exposición sobre el porno concluye eso, abrí con una pieza que es un texto que encontré un poco por azar sobre la autocensura. Un texto que no tenía que ver con la pornografía, era un texto político, era de un blog de discusión en Argelia sobre la censura.
 
How porn looks at you V1. Lambda print. 2006 
 
 
 
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>