En las calles todavía hay mucho que hacer

Falsa entrevista a MÚSICA CONTRA EL PODER (Andrés Ramírez)- 2 de 2
SANTIAGO ROBLES BONFIL 
              en colaboración con KARINA RUIZ OJEDA
¿Nos puedes contar alguna anécdota de los carteles del Alicia?, ¿por ejemplo, el de Pedro Infante y Jorge Negrete?
Sí. Hay varias. ¿Cuándo se aprobó lo de la ley sobre el derecho a decidir?
2007
Creo que el cartel es como del 2000. Tiene siete años de antigüedad respecto al 2007. Cuando lo sacamos, Nacho llegó un día y me dijo “mira esta foto de Pedro Infante”, le dije “¿y qué?, “pues nada, vamos a hablar del aborto”, “ah, órale, va”. Lo preparamos y todo, lo pegamos y no pasó nada, nadie lo peló. Lo vieron algunos y les dio risa. Mi papá me dijo “está padre el cartel, no le entiendo pero está padre”. Mi papá era abogado, entonces no tenía que comprender todo porque yo no entendía lo que hacía de su trabajo. Era un chiste personal y lo pusimos. Pero siete años después, cuando empezó la gestión para aprobar esta ley en el Distrito Federal, un excompañero de la escuela me habló y me dijo “oye, ¿tú conoces a quien hizo ese cartel? Le dije “ah, sí, es un poco sangrón pero puedo hablar con él”. “Oye, es que nos interesa usar el cartel para apoyar la ley que va a aprobarse sobre la libre decisión, la libre maternidad”. Y ya, se volvió un emblema. El otro día lo traían cargando diputados en plena sesión, y yo dije “¿esos güeyes qué?”…
Pero para eso son, también, ¿no?
Exacto, ese es el efecto interesante de un cartel cuando tiene alguna repercusión directa, pues se volvió el medio para decir algo. El protagonista no fue el cartel, los protagonistas son las personas que tomaron ese cartel y lo utilizaron y les sirvió en ese momento. Salió hasta publicado en La Prensa, qué honor. Al frente está la parte de moronga y en la contraportada aparece el cartel. “Sí al aborto”, o no sé qué dice, y unas mujeres cargando el cartel. Después a ese cartel le borraron el crédito de MCP y le pusieron el crédito de una ONG. No me importó realmente. Eso quiere decir que lo hicieron suyo. Eso es lo interesante de cuando un cartel, a pesar de su limitación, sirve como medio para transmitir cosas. Es cuando uno dice “bueno, admito mis limitaciones como diseñador, como comunicador, en términos de lo que estoy proponiendo”, en mi caso lo veo como un panfleto, en el mejor de los sentidos. Sin duda, cuando pienso en hacer panfletos, tienen que ser bien hechos, si no, es pura demagogia. Es un ejercicio difícil, no quiere decir que no haya hecho carteles malos, sí los he hecho, pero sin duda que el compromiso de transformar el orden de las cosas a través del diseño también te compromete a que el modelo de comunicación tiene que ser muy bueno, no repitiendo las fórmulas desgastadas de el martirilogio, donde el poder nos oprime y nos hace tristes, sino hay que decirlo de manera inteligente. Es un ejercicio difícil pero tenemos que esforzarnos porque si no, repetimos las mismas fórmulas que al poder le gusta, que le gusta vernos así. En ese sentido sí tenemos que ser agentes de cambio los diseñadores, estar súper comprometidos a hacerlo lo mejor posible.
Y los carteles se vuelven, como dijiste al principio, un documento histórico, porque estos temas, como el aborto, vuelven a caer sobre la mesa periódicamente. El cartel que sirvió hace 10 años para un propósito, bajo una nueva perspectiva adquiere otro sentido.
Claro, porque la idea estaba vigente, el problema no había sido resuelto. Apareció ese cartel específicamente y, por fortuna, atajó una problemática, se volvió, no la bandera pero sí una de las tantas imágenes que se reiteró para ese movimiento. Ése es un buen ejercicio de cartel, en términos de medio de comunicación. Si lo analizas compositivamente y esas cosas de academia o de concurso, probablemente no entra ni a una bienal de pastelería.
Pero ya ha entrado, ¿no?
Ése no, no creo. Además, tú ya sabes que no estoy muy interesado en que el proyecto de MCP esté en las bienales porque me interese figurar en algo. A esta distancia y, seguramente con poco tiempo de vida de MCP en el Alicia, es importante recoger el testimonio, porque eso forma a otras personas y les da una referencia. Cada quién va a encontrar su camino.
En ese sentido, resulta importante que otro tipo de público, el que sólo asiste al museo y no lo ve pegado en la calle pueda dialogar con esos mensajes…
Así es, que tenga referencia, porque luego nos falta memoria. Yo decía en los tres primeros años, que no tengo documentos de lo que empecé haciendo en el Alicia, salvo una que otra cosa por ahí, yo decía “ni importa eso”, y hasta borré los archivos, dije “ahí que me busquen mis biógrafos”, es un error, fue una arrogancia mía porque son herramientas para que otros aprendan de lo que está bien hecho y de lo que está malhecho. El hecho de haber continuado este ejercicio durante 16 años ya es importante en sí, pero habrá que hacer un juicio crítico de qué está bien y qué está mal […] también pueden tomar una distancia crítica y decir “a 16 años, ay, estaban bien gachos los carteles del Alicia” […] hay una referencia, no puede haberla si no tenemos memoria histórica, y en este país se nos olvida todo, hasta se nos olvidó que teníamos a Santa Anna de presidente…
Que reencarnó con copete…
Bueno, o Salinas… tuvimos a Fox o a Zedillo y se nos olvida que hay un espurio gobernando, y que es un botarate. Todo se nos olvida, entonces sí es importante documentarnos, tener memoria y referencia de cómo se pueden transformar las cosas, y lo digo en todos los ámbitos, tenemos que discutir lo que hemos hecho. Aunque yo sea una persona que me considere de izquierda, a lo mejor no he hecho los mejores carteles o seguido las mejores maneras, pero eso hay que discutirlo y proponer otras formas para comunicarse. Sin duda, un problema es que el cartel ahora, a estas alturas de nuestra existencia, el 22 de febrero de 2012, se está muriendo, el espacio de acción del cartel es muy pequeño, en función de los otros medios.
¿Cuántos ejemplares tiran?
Tiramos mil o mil 500, algunos han tenido rediciones. Es un medio pequeñito pero tiene su efectividad en espacios determinados: en la lucha social, en la protesta, en ciertos movimientos, en determinados momentos históricos tiene una función aún a estas alturas porque la mayoría de la gente no estamos con la oportunidad de tener acceso a los medios. Internet nos ha dado una opción pero el espacio sigue siendo limitado, mucha de la vida sigue sucediendo afuera, el cartel es una opción, es limitado, sí, pero es una opción en determinados momentos. El cartel no sólo se está muriendo por otros medios, los diseñadores hemos contribuido a darle un lugar de pieza de museo, en vez de que sea la pieza que está en la calle diciendo, combatiendo, lo que quieran, porque además, hay que decir también que en México hay muy buenos cartelistas pero son cartelistas de clóset…
De blog y plotter…
De plotter… no está mal participar en los concursos y que te digan que eres una maravilla, sirve para confrontar pero, según yo, pa’ que la cosa amarre, para que tenga impacto el cartel como producto de comunicación, las calles son el mejor lugar. Muchos diseñadores las tienen abandonadas, tienen guardado su cartel, y los premios sirven para estar en sus vitrinas pero no están cumpliendo con esa parte de comunicar, y mira que he visto catálogos de bienales con carteles hechos por chavos y no tan chavos impresionantemente buenos, pero son carteles de una pieza que, la verdad, en ese sentido no me interesan. Yo he hecho carteles de una pieza pero en cosas muy específicas donde es evidente que tienen un fin diferente porque están diseñadas para exposiciones temporales. Pero cuando hablamos de ideas brillantes que se quedan guardadas en un cajón, pues no.
¿Te acuerdas cuando Gerardo Garcialuna nos invitó a un programa de TV UNAM a hablar sobre cartel?.
Fue Raza Cósmica, a Gerardo Garcialuna no lo conozco.
Ah sí, Raza Cósmica. Estábamos platicando sobre este tema y tenías una postura sobre los carteles que se hacen para internet.
Bueno, es otro medio, ¿no? El cartel se modifica, se vuelve un vehículo poderosísimo, y finalmente ya estamos en el inicio de la transformación del cartel, cambia su dimensión. Ahora la ventaja es que el cartel puede tener un tamaño de 70 x 95 o un metro, pero también puede ser del tamaño de tu teléfono celular, esa es la nueva ventaja de las comunicaciones que uno tiene que aprovechar, que el cartel puede ser un medio multisoportes. Pero si pensamos que el cartel tiene que sobrevivir o estar presente, tiene que pasar por todas las posibilidades de los medios que lo brindan.
En la platica que tuvo recientemente López Obrador con Aristegui dijo que los que estamos en las redes sociales sabemos lo que pasó con Peña Nieto y los tres libros en la FIL, pero que él preguntó en un mitin en el Estado de México que quién sabía sobre esta situación y tres personas alzaron la mano, lo cual se lo atribuye a que no se habló nada de esto en la televisión.
Exacto, el asunto con la comunidad del diseño es que la mayoría tienen red, están conectados, son muy adictos a las redes sociales pero su espacio de acción se reduce. Muchas veces su participación se limita a las redes sociales pensando que es el espacio de todos. Estaba leyendo sobre la gran cantidad de gente que falta por conectarse a internet, y es un montón. Sí es necesario actuar en la vida cotidiana, las redes sociales son importantes pero no estamos en la dimensión de actuar como la totalidad del espacio de los mexicanos. En las calles todavía hay mucho que hacer, por lo menos en este país. Nuestra realidad no es la de Estados Unidos ni la de Alemania, luego nos confundimos como diseñadores porque vemos ventanas de otros países, y decimos, si en Estados Unidos las redes sociales son importantes en las elecciones, pero aquí es un pedacito, influyen pero no son determinantes, todavía hay mucha vida análoga en este país.
¿En qué espacios logra el Foro Alicia colocar sus carteles?
Hay varios puntos en la ciudad donde se colocan carteles, paredes ya muy identificadas en la colonia Doctores, en la Guerrero, en Coyoacán… y por supuesto las universidades… el éxito de los carteles del Alicia no solamente corresponde a tener buenas puntadas o buenas ideas, no sólo consiste en imprimirlos, que eso ya es una tarea titánica, porque cuestan; algo que también es fundamental para el ejercicio de la comunicación es que se distribuyan, si esas ideas no se distribuyen, no están, y ahí el papel de los chicos y chicas que pegan los carteles del Alicia es muy importante, sin esa labor no habría carteles del Alicia, estarían guardados o embodegados. El “éxito” que tiene el Alicia no existiría si no estuvieran estas personas que durante 16 años han pegado carteles.
¿Lo hacen de manera voluntaria?
No, el Alicia es un colectivo. Hay como 17 o 14 alicios… ¿17? Bueno, 18 conmigo pero yo nunca estoy en nómina. Yo soy el único alicio que no va al Alicia. Creo que yo soy el que menos conocen de todos. La mayoría de los chavos y chavas son estudiantes, muchos pasan un rato en el Alicia y se van a hacer su licenciatura, a trabajar, es temporal, y trabajan ahí en el Alicia, Nacho se encarga de pagarles un sueldo, hacen diferentes labores, recoger las botellas, recibir a los de las cervezas, ir por la propaganda, cobrar, estar en la cabina… es mucho trabajo el que se hace. 
¿Eres el único diseñador que hace cosas ahí?
Sí. Pero bueno, muchas veces hay otros que hacen carteles. Yo he aprendido después de 16 años que cada grupo tiene su diseñador, y algunos quedan muy padres y otros quedan muy malos.
¿En el sentido de que te sugieren cómo diseñar?
No, en eso ni se meten, eso lo discuto siempre con Nacho. Hay otros chavos que diseñan carteles o propaganda para el Alicia, los menos, muy pocos. Hay unos que han hecho cosas padres y otros gachitas.
¿Qué tipo de retribución obtienes con los carteles, hay alguna especie de retroalimentación a tu labor?, ¿o se mandan y ya no sabes qué pasa con los mensajes?
Pues más o menos. En principio, los hago, se distribuyen y ya. Y punto. A veces oyes comentarios o los ves en paredes que nunca imaginaste verlos, pero no estoy muy concentrado en cómo van a responder las personas. A veces Nacho me dice “este cartel sí les gustó” o “éste no les gustó”. En la UNAM me ha tocado ver cómo pegan los carteles los alicios y aparece alguien atrás de ellos, arranca el cartel y se lo lleva. Eso está bien, me parece que algo les comunica. Pero no ando viendo las consecuencias de mis actos… soy irresponsable.
En las paredes del Chopo ya hay estratos, ¿no? Como capas geológicas de carteles.
Sí, y ¿sabes qué? Al Chopo nunca he ido.
¡Naaaah!
De veras… sí he ido al Chopo pero desde que empecé con lo del Alicia no he ido nunca al Chopo. Llevo un registro muy malo de lo que he hecho. Un día me mandaron una foto muy padre de un cartel que yo hice para el Alicia de los zapatistas, que lo reeditaron en Alemania, el de la lengua. Le pusieron un marco de palabras en alemán. Me gusta que pasen esas cosas. Era un café de Alemania. Les escribí y les dije “qué bonito nos quedó nuestro cartel” a lo que me contestaron “compañero, te mandamos uno”. Les dije “oigan pero estoy en México”, “bueno, ahí te lo guardamos”. Así también a veces me entero de que alguna repercusión tienen los carteles.
Que ya le comunicó algo a alguien a pesar de la barrera del idioma.
Sí, y surgen las publicaciones especializadas en donde te dicen “vi tu cartel, ¿puedo publicarlo?” pero sólo eso.
Bueno, para ir cerrando la pinza, ¿también das clases, no?
Sí. Este febrero cumplo 15 años dando clases. Di como 10 años en la Escuela de Diseño del INBA, me fue muy bien, tuve un par de maestros que me enseñaron más o menos a cómo mejorar mi clase porque antes era más menso… Rebeca Hidalgo y Arturo Díaz Belmont me enseñaron muchísimo el espíritu de ser maestro y la importancia de planear y dar buenas clases. Eso yo ya tenía claro que lo quería hacer porque en alguna parte de mi época de estudiante tuve algunos no muy buenos maestros y yo tenía esa idea de que si algún día iba a ser maestro, tendría que hacerlo muy bien para que mis alumnos no lamentaran haber tenido clases muy chafas. Dar clases es increíble, a mí me permite seguir aprendiendo. Ahora doy clases en Centro, es una escuela particular que está en Palmas. Es un buen proyecto. Ese tipo de proyectos, en términos generales, pensados como escuelas de comunicación o de diseño deberían de ser un modelo interesante que retomaran algunas escuelas. Claro, cada escuela dirá que es lo máximo. Dar clases es algo muy interesante, muy retador, vale la pena.
¿Qué diferencias o similitudes percibes en los alumnos de una escuela pública, como la EDINBA, y una escuela particular, como Centro?
Realmente hay una diferencia importante. En ambas escuelas he tenido alumnos muy talentosos, sin duda. Se parecen un poco las escuelas porque en el INBA hacen un proceso de selección más o menos riguroso y en Centro también, de tal manera que cuando llegan los alumnos a tomar clase, por lo menos están elegidos con algún sentido de vocación. Yo creo que en alguna medida tienen que ver las condiciones materiales, en el INBA encontraba alumnos que estaban a medio comer y estaban pensando en otras cosas que no necesariamente eran de la escuela. En cambio, en Centro la mayoría de los alumnos tenían resuelta la parte económica, lo cual les permite, en mejores condiciones, enfrentar sus estudios, es una ventaja estar bien comido y no tener que preocuparse por las necesidades básicas; esto permite, por lo menos, un mejor desarrollo.
¿Y encontraste que podían tener más conciencia política unos alumnos que otros dependiendo de su escuela?, ¿o no consideras que exista esta relación?
No me fijo mucho en eso. Tengo ideas políticas y me considero de izquierda pero si algo aprendí cuando fui alumno es que yo no quería ser de esos profesores que les tiraban neta a los alumnos en términos de política, que los ideologizaran, porque yo viví eso con muchos profesores que, además, unos eran buenos y otros eran malísimos, algunos demagogos. Yo decidí que no podía ser así, que si algo tenía que hablar sobre lo que yo pensaba en términos de política y de mi país, era mi trabajo. El primer compromiso es ser un buen profesor. Es muy difícil, no sé cuándo lo logre. Siempre quedo con la idea de que muchas cosas se tienen que mejorar constantemente, no puedo seguir dando el mismo curso de hace 10 o de hace un año. Sobre sus ideas políticas, a veces tengo oportunidad de conversar sobre lo que dicen y piensan pero…
 
Tratas de no mezclarlo
Sí, y no porque no sea válido sino porque lo primero es mi trabajo, y si coincidimos en la cuestión ideológica y política, eso se da después y no sé por qué razón me identifican ellos porque tampoco hago propaganda de lo que estoy haciendo.
Aplicas la Bruce Wayne
Cuando me hacen la pregunta me hago guaje porque si soy profesor quiero que se concentren en la efectividad, en mi capacidad de dar la clase y no que me conviertan en una estrella de rock and roll o algo por el estilo. Soy su profesor, no quiero vivir de lo que estoy haciendo, como muchos profesores. Lo primero es comprometerse a dar una buena clase frente a los alumnos, frente al pizarrón. En lo demás coincides con algunos alumnos y con otros no. Cada quién tiene libre albedrío.
Gracias Andrés, un placer.
Saludos.
 Disco de Los Elásticos
 Proyecto solista del ex vocalista de Salón Victoria
 
José Manuel Mateo, El viaje del cordero, la cabra y el perro. México, Petra, 2011, Colección Ideazapato. 
 Dibujos realizados en tableta digital, premio internacional al mejor libro ilustrado 
de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil. 
 

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