Indignado

Lo que el Cine necesita es belleza…
La belleza del viento moviéndose
entre las hojas de los árboles.

D.W. Griffith 


Soy un Indignado. Pero no de aquellos que acampan en la Puerta del sol u okupan Wall Street. Tampoco soy su réplica mexicana marchando por las calles o concentrándose en las plazas reclamando los infames resultados electorales. Sí, me indigna el triste desenlace de las elecciones en mi país, y me indigna la falta de oportunidades para los jóvenes aquí, allá y en todas partes. Me indigna cómo un grupo de cínicos ha llevado a pique nuestras economías mientras siguen encumbrados en los rascacielos, mirando a la humanidad como si fueran hormigas.
Jóven detenido por lanzar huevos contra la conductora Adela Micha
Pero mucho antes y mucho después de eso, me indigna la pobreza del cine de mi país. Y sí, ya sé que frente a lo antes mencionado esto suena a poca cosa, pero es mi indignación personal. Tengo altas expectativas sobre lo que el cine le puede dar a México, y no estoy pensando que pueda cambiar al pueblo o concientizar a un gobierno, eso está visto. ¿O acaso el maravilloso cine iraní ha evitado que su país esté al borde de una guerra nuclear? ¿O quizá el esplendoroso cine chino ha logrado un avance en la libertad y derechos humanos allá? No.
A propósito de Elly (2009), dirigida por Asghar Farhadi
Creo que es bueno hacer películas que denuncien y protesten, que critiquen y reflejen lo que son estos tiempos, siempre y cuando exista un punto de vista del realizador, porque la objetividad no existe, no es posible, y menos en el cine documental. No digo que los realizadores tengan que volverse ideólogos (aunque hacen tanta falta), sino que un director simplemente es un contador de historias que debe creer en esas historias para exponerlas con convicción. 
Ya existe mucho cine mexicano que intenta “retratar” realidades, pero cae en la graciosada o el tremendismo, porque el realizador no está hablando de SU realidad, y es por eso que estamos llenos de películas donde la violencia, desigualdad e inseguridad no ofrecen ninguna redención a sus personajes.
Casi no hay películas mexicanas donde los personajes se salgan con la suya, para bien o para mal. Lo nuestro parecen ser historias de derrotas y no al estilo de Hemingway donde pierde el hombre pero gana la humanidad. No, nuestros “héroes mexicanos” caen en la lona y en la lona se quedan. ¿Qué reflexión le deja eso al espectador?  ¿Somos realmente así los mexicanos?
La ley de Herodes (1999), dirigida por Luis Estrada
Si piensan que con esto digo que nos hacen falta historias de triunfo, entonces no nos estamos entendiendo. Lo que le hace falta a nuestro cine es humanidad, la suficiente como para retratar con justicia nuestro espíritu obstinado que se ha caído y se ha levantado una y otra y otra vez frente a lo que sea. Frente a intervenciones e invasiones, saqueos y despojos de extraños y propios, y que aún es rico y noble, y que además sigue sonriendo a la adversidad, a la bonanza y a la muerte. ¿Dónde hemos visto ese espíritu en las historias que cuentan nuestros cineastas?
También hay algo que  hace falta en nuestro cine y en el cine en general: en un mundo donde la fealdad nos abofetea al doblar cada esquina, el acto más transgresor y rebelde es hablar de lo que nos duele, de lo que soñamos y de lo que nos indigna… con belleza. Hace falta belleza… ¿No la extrañamos? 
Nuestro reino (2010), dirigida por Carlos Reygadas

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