Beuys a revisión I. La inmanencia como estrategia.

Cada hombre, un romántico…

Herederos del pensamiento romántico hay muchos. Y si sólo habláramos de los que han usado los argumentos de elevados vuelos espirituales para elaborar una idea del mundo y sostener quimeras de variopinta calidad, la cosa ya daría para rato. Sin embargo, cuando se dice romanticismo por supuesto no se determina sólo un periodo, sino una cierta condición.

Joseph Beuys es, claro está, un artista que seduce por su carácter contemporáneo. Sin embargo, se trata también de un romántico en un sentido similar al de Novalis o Shelley; un utopista que desea realizar sus elucubraciones en el terreno de lo concreto. Cosa no del todo simple, no poco peligrosa. Bastaría recordar a algunos famosos idealistas de todo tipo de inclinaciones (incluidos los de tendencia positivista) que desde el ilusionismo de la objetividad, han intentado que la realidad cuadre con sus deseos. Lo cual puede tener origen en las ensoñaciones de cualquier buen samaritano: un romántico observa las contradicciones como zonas no abordables, territorio oscuro que vale la pena rodear para no toparse con la brújula racionalista.

Joseph Beuys. KUKEI, AKOPEE - NEIN!. 1964

Joseph Beuys. KUKEI, AKOPEE – NEIN!. 1964

Consumido de amor y de tristeza / Fuérame el día cual la noche obscuro; / Sólo viera, a través de amargas lágrimas, / De nuestra vida el desbocado curso. / En mi hogar hallaría sólo angustia / Y perpetua inquietud dentro del mundo. / ¿Quién sin un fiel amigo allá en el cielo / En la tierra podría estar seguro? (Novalis)

Por supuesto no quiero decir acá que todo romanticismo (usado en este sentido amplio de acá) sea del mismo tipo. Lo que quiero apuntar, en todo caso, es que los románticos están por todas partes.

En las propuestas esperanzadoras de Joseph Beuys hay un principio de intensidad. Una especie de halo místico cubre de trascendencia sus palabras sencillas, los oídos atentos de los espectadores, una cierta voz de profunda humildad que poco a poco va ganando volumen en aquel documenta de 1972, contestando preguntas, hablando del salario doméstico, la educación, la hegemonía de los partidos o la energía atómica. Puesto que las cámaras se concentran en él, las opciones se multiplican. Es todo un chamán mediático. Dice, por ejemplo, que impulsa un referéndum en la Alemania Federal para plantear que las mujeres amas de casa cobren un salario por su trabajo. Aplausos, pues se trata a todas luces de un guiño socialista que imprime un carácter no irónico y que contrarresta declaraciones deliberadamente polémicas que antes hiciera, como la idea de elevar cinco centímetros el muro de Berlín para perfeccionar sus proporciones. Sin embargo, una periodista sagaz le inquiere; ¿las mujeres? ¿Por qué las mujeres y no todo aquel que realice el trabajo doméstico? Un prudente silencio retórico como respuesta.

Beuys. documenta 5. 1972

Beuys. documenta 5. 1972

Dadme un estío más, oh poderosas, / y un otoño, que avive mis canciones, / y así, mi corazón, del dulce juego / saciado, morirá gustosamente. (Hölderlin)

Y es que los argumentos, si bien incómodos, son a la vez políticamente plausibles. Educación para todos, condiciones propicias para que el espíritu se desarrolle, el orden del mundo en los términos de la creatividad y de un positivismo del espíritu. No son, pues, sino los términos de un político fiel a la democracia. Porque la coartada de la creatividad, implica representaciones de trascendencia variable, inidentificables sino es con nominaciones de nuevo ambiguas; valor, entusiasmo, confianza, etcétera. Su máxima más famosa, cada hombre un artista es, cada hombre con los privilegios inventivos de los que yo gozo. Una suerte de socialismo que pacta en tanto circunstancias normalizadas, territorio de igualdad base que intenta desde dentro crear las condiciones. Un bien absoluto, cegado de sí mismo a causa de cierto éxtasis de misterioso origen, pues esta luz frontal impide ver que en el monolito de la perfección, puede muy bien haber grietas en las que de nuevo crezca la hierba mala. ¿Se trata, entonces, de un mesianismo oculto, de un juego retórico de la desaparición en plena presencia, de una conveniente ceguera binaria, la transparencia del mal de la que tanto hablan algunos autores?

Lo que quiere poder desde el arte…

Se ha dicho que la tendencia pedagógica de Beuys respondía a un deseo de colaborar en la reconstrucción de la Alemania Occidental luego de la guerra. Uno de sus temas recurrentes es una religiosidad de renovación cristiana que implica la personificación de una fuerza de intenciones terapéuticas. Sus actos, por ello, son en gran medida de un candor poético que no reniega de su influencia literaria al operar por medio de metáforas que él desea convertir en plasticidad mental con miras a un nuevo orden social. En el objeto, observa el registro más que su recuperación. Una especie de esencialismo que llama a lo invisible; el espíritu de las cosas. Por ello renuncia al lazo que lo ata a Duchamp, puesto que su intento se relaciona con el alma de los objetos y no con la descontextualización de la mercancía y su valor redimensionado por medio del ready made. Hay, pues, ese intento de redimir al otro, a lo otro, por medio de ritos que impliquen lo que él llamaba escultura social, relacionada con un modelado de fuerzas colectivas, una transmisión de conocimiento para la generalidad que asume por cuenta propia y que, por supuesto, nunca logra concretar.

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¿Qué es los suyo sino un deseo de resonancia que pueda objetivarse en acciones concretas? Sin embargo, estos actos no son demasiado significativas salvo para el medio artístico que comienza a especular con la obra. A veces, parecen más las propuestas de un político que juega el balón entre un hegelianismo que concibe la obra como una mera esquematización de lo sublime para la conformación de un espíritu absoluto, y las teorías del filósofo místico Rudolf Steiner, creador de la “antroposofía”; escuela basada en un modelo tripartito que diferencia libertad de alma, igualdad en el espíritu y fraternidad en el cuerpo. Beuys es un creyente que en medio del desarrollismo de la máquina capitalista apuesta, de manera paradójica aunque acorde con su comportamiento extático, por la superación de las contradicciones por medio de una participación directa del público que reforme las conductas. Sin embargo, es del todo visible que una intención así distaba mucho de poder obtener los resultados deseados. Probablemente a causa de que las buenas intenciones no bastan, cuando a veces sobra falta de atención acerca de la estructura de los procesos que ciertos sistemas llevan a cabo para legitimarse. A una pregunta explícita de la periodista Clara Bodenmann-Ritter acerca del costo de sus obras, Beuys responde:

Y entonces es obvio que esas cosas encuentran un cierto interés o no ¿verdad?, quiero decir, va gente y dice, me gustaría hacerme con esto. Entonces, yo les decía, pero por favor, yo no sé lo que cuesta esto. Y entonces el marchante dijo: yo haría así o asá. (…) Y cuando de verdad empezó la cosa fue después de los últimos “documenta”. Pero para ese momento, la mayoría de mis trabajos ya no eran de mi propiedad. De manera que lo que ahora aparece en el mercado con un precio alto, no es un precio que yo me embolse, sino un negocio que hacen los propietarios anteriores, que a menudo lo recibieron como un regalo. (Continuará)

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Joseph Beuys. I like America and America likes me. Performance de una semana de duración con un coyote. René Block Gallery, Nueva York, mayo 1974

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