¿Y los músicos? Concierto CNOP-PRI

Situación:

El pasado 20 de noviembre se realizó en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México un concierto sinfónico-visual titulado “México, creo en ti”. La orquesta que llevó a cabo el evento fue nombrada “Orquesta del Patrimonio Mundial” y la razón del evento fue conmemorar el setenta aniversario de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), organismo perteneciente al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

A partir de las 17:00 horas empezaron a llegar camiones de pasajeros al recinto. De estos bajaron hombres y mujeres de todas las edades: algunos con distintivos priístas o prendas de color rojo; algunos llevaban carteles que leían CNOP y algunos otros no llevaban nada. Poco antes de que empezara el concierto, todos aquellos que se encontraban en las escaleras y la explanada exterior del Auditorio Nacional empezaron a formar filas para obtener boletos.

Dentro de la sala se proyectaba en las pantallas un video que explicaba la trayectoria y objetivos de la CNOP, así como las ventajas y capacidades con las que este organismo cuenta gracias al triunfo de Enrique Peña Nieto. Dicho video se vio interrumpido por los gritos de los invitados “traseros”[1] que gritaban los nombres de sus lugares de procedencia: “¡Neza, Neza!” o “¡Izcalli, Izcalli!” entre otros.

El evento comenzó alrededor de las 20:30 con el discurso de la senadora del PRI y Secretaria General de la CNOP, María Cristina Díaz Salazar, seguido por la bienvenida del Presidente Nacional del PRI, César Camacho. Ambas participaciones pusieron énfasis en la importancia que tiene la cultura y la música en el desarrollo del país y de los mexicanos.

La primera pieza que se interpretó fue Huapango, de Moncayo, una versión desafinada y con falta de matices. A continuación se interpretaron cinco piezas del compositor Alejandro Sánchez Navarro que, además, era el director de la orquesta. La primera de ellas, llamada Teotihuacán, comenzaba con una larga introducción de percusiones que incluían djembés (tambores de origen africano) y caracoles de mar que intentaban imitar los rituales de dicha civilización. No hace falta acotar que aquello no sólo demostraba la ignorancia del compositor al utilizar ritmos más cercanos al África negra que a la civilización prehispánica, sino que marcaría la pauta de todas sus composiciones siguientes: música rimbombante con ostinatos eternos y melodías grandilocuentes apoyadas en armonías simplistas y repetitivas.  La orquesta tenía un rango dinámico que oscilaba de forte a fortíssimo. Además de terribles desafinaciones que delataban la falta de ensayos de la orquesta, la falta de detalles y refinamiento de la interpretación dejó ver que el director no era capaz ni de interpretar su propia música. La pieza, que supongo debía ser la emblemática del concierto, ya que se titulaba México, estaba apoyada por la recitación de un poema de tono marcadamente patriótico y por unos visuales cercanos a todo el tipo de propaganda nacionalista: cadetes marchando bajo el emblema de nuestra bandera y clichés del estilo. Los videos que acompañaron a las demás piezas no lograban sobresalir de esta nata de ligereza y mala hechura: tómese, por ejemplo, el video de la ya mencionada pieza Teotihuacán, en la que los penachos fueron el elemento simbólico más importante, o el inicio de otra pieza, la Sinfonía del mar, que musicalmente es una copia de la música de la película Tiburón y que muestra en efecto, al principio, un tiburón blanco en las profundidades marinas. El concierto concluyó con unas Mañanitas, que junto con el Huapango, fue la mejor música que se escuchó aquella noche.

Personajes:

1. PRI - El Partido Revolucionario Institucional regresó al poder ejecutivo y de ahí en adelante todos nos sabemos la historia. Entre esa larga o corta lista –depende de quien enliste– de lo que no ha cambiado están sus estrategias de acarreados, paleros, y compra de votos. Es verdad, no es el único partido que las emplea, pero en este breve periodo en el poder presidencial y debido a la magnitud de los eventos donde se han reconocido, el PRI lleva la delantera en el uso de acarreados: recuérdense los “monederos electorales” de Soriana o el Zócalo en las fiestas patrias de septiembre.

A pesar de ser un tema que se debe de seguir e impugnar, pasemos al siguiente personaje.

2. Acarreados – Manuel Delgado (2011) ha trabajado con una serie de acepciones de “el público”. A “el público” contrapone los términos “multitud” y “masa”, así como una descripción sin nombre que aquí es propia de los acarreados:

“Aglomeración de espectadores que renuncian a mantener entre sí la distancia moral y física que les distinguiría unos de otros y aceptan quedar subsumidos en una masa acrítica, confusa y desordenada, en la que cada cual habría caído en aquel mismo estado de irresponsabilidad, estupefacción y embrutecimiento que se había venido atribuyendo a la multitud enervada […] El conjunto de espectadores degenera entonces en canalla desbocada, víctima de una súbita enajenación que les ha cegado y los inhabilita para el juicio racional, predisponiéndolos para que la respuesta a los estímulos recibidos desemboque en cualquier momento en desmanes y violencia.”

Afortunadamente no hubo actos de violencia, sin embargo, la descripción anterior aplica atinadamente al público que asistió al evento en tanto que no sabían a qué venían ni por qué.

La tercera es la vencida y sólo quedan los personajes principales por presentar. Ya se habló de los asistentes y de los organizadores, pero éstos ¿qué organizaron y qué vieron? Un concierto. ¿Y los músicos?

3. ¡Los músicos! Aquellos artistas del alma que suelen ser víctimas de reducciones al presupuesto en cultura, ¿en qué momento dejan de serlo para pasar a ser parte del juego en el que perdían? Una fuente directa afirmó que en ningún momento se le informó a los músicos en qué tipo de evento iban a tocar… ¿y nadie preguntó? O ¿es que acaso llegaron a tener tan poco presupuesto que se ha vuelto necesario aceptar cualquier hueso[2] sin distinción? O tal vez sólo no les parece incongruente tocar para el partido cuyo ejecutivo acaba de proponer y aprobar una reducción de 16 mil 500 millones de pesos, lo que significa una reducción, en lo general, de 0.26% respecto de 2013 y en lo particular de 23.4% al sector cultural[3]…pero partido que, eso sí, reconoció con creces los beneficios que da la música al desarrollo del país en el discurso de apertura del evento.

Habiendo presentado a todos los personajes, quedan una serie de incógnitas que nos devuelven a la situación:

¿Fue este evento simplemente para conmemorar a la CNOP, al PRI y a la Revolución Mexicana? De ser así, ¿por qué hacerlo a través de un concierto? Si fue una conmemoración interna, ¿por qué pretender llenar un espacio tan grande como el Auditorio Nacional? ¿Qué habrán recibido los acarreados a cambio de su tiempo y atención? ¿Y los músicos?

Siempre hay un lado positivo donde el sol calienta y el pasto es verde, es posible que, de no haberse organizado este concierto, la gran mayoría de los asistentes no hubieran podido conocer el aclamado recinto musical o escuchar música “clásica”, ver a un “director de orquesta” o incluso, venir a la capital del país… Bienvenido seas de vuelta, PRI.

 

Bibliografía

Delgado, Manuel. El espacio público como ideología. Los Libros de la Catarata. Madrid, 2011.

 

El Universal

http://www.eluniversal.com.mx/cultura/2013/impreso/los-etiquetados-salvan-el-presupuesto-cultural-72937.html

 

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2013/09/30/politica/006n1pol



[1] Por su ubicación en las gradas, ya que el área de “preferente” y “cresta”, la más cercana al escenario, estuvo ocupada por personajes como diputados y senadores del PRI.

[2] Evento privado que requiere de músicos sin importar su trabajo “de plaza” y por el que se ensaya poco y se paga bien.

[3] http://www.eluniversal.com.mx/cultura/2013/impreso/los-etiquetados-salvan-el-presupuesto-cultural-72937.html y http://www.jornada.unam.mx/2013/09/30/politica/006n1pol

 

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Fotografías tomadas de la página web de la CNOP

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