Aquí no hay nada que ganar

I

Quizá el cambio más importante que ha tenido el arte durante el último siglo ha sido su devenir en un activo económico. Sin importar si se trata de una pintura, una fotografía o una creación efímera, la obra es asimilada igual que un bien inmueble o acciones en la bolsa. En consecuencia, los espacios de exhibición han transmutado en escaparates, el coleccionismo en fondos de inversión, las galerías en agencias de moda y el ejercicio de curadores y críticos en seductoras edecanes. El éxito conseguido por un artista se tasa exclusivamente bajo dichos criterios y su significado es tautológico. El éxito reside en la acumulación de premios, récords en subastas, apariciones en la prensa. Un artista no sólo es un artista, es también (y sobre todo) una celebridad.
De este modo, atender una obra de arte es participar de la algarabía que sucede alrededor de ella; expresar un argumento, por caso, exige su articulación en números.

II

A finales de los años setenta, en las calles de Nueva York podía adquirirse por un dólar una postal, mezcla entre dibujo y collage, creada por el joven desaliñado y aficionado al jazz, a la marihuana y el graffiti Jean-Michel Basquiat (1960, Brooklyn, EUA).
Andy Warhol y Jean-Michel se conocieron en un restaurante de Prince Street. Andy compró alguna de aquellas postales y continuó cenando con Henry Geldzahler, comisario entonces del Metropolitan Museum. El desenlace de la historia es conocido. No así, el silencio que sobrevino alrededor de su obra y persona a partir de su muerte (el 12 de agosto de 1988) y hasta la segunda mitad de los años noventa, cuando la fuerza centrípeta de las subastas de arte lo encumbró como su nuevo estandarte del mercado del arte contemporáneo.

MichaelHalsbandAndy Warhol and Jean-Michel Basquiat1985Gelatin Silver Print

Si bien su obra gozó desde el principio de una recepción favorable dispendiada por críticos, comisarios, galeristas, coleccionistas y prensa, alcanzado precios que le permitieron pronto llevar un estilo de vida alejado de incertidumbres económicas, los valores que sus creaciones han conseguido en el mercado siguen en aumento, multiplicándose súbitamente. Tal vez como ningún otro artista, Jean-Michel representa la utopía del artista miserable e irrepetible que jóvenes aprendices intentan recrear desde hace más de veinticinco años. No es otro el ideal que persigue y deforma el ejército del arte contemporáneo en cualquier rincón del mundo.
Considérese como sustento de lo dicho lo siguiente. En 1982, Jean-Michel presentó una exhibición de unos treinta cuadros en la galería Fun ubicada en East Village; para ese momento, Jean-Michel contaba con veintidós años de edad y apenas dos en rigor como artista, tenía el apoyo de un hábil representante (Diego Cortez), de un amplio grupo de coleccionistas y astutos galeristas en diversas partes del mundo: Emlio Mazzoli en Módena; Bruno Bischofberger en Suiza, Annina Nosei en Nueva York y un joven Larry Gagosian en Los Ángeles. Durante la exposición en la galería Fun, Annina Nosei adquirió la pintura de gran formato Philistines (1982) por 570 dólares; poco tiempo después, Annina revendió el cuadro a una colección privada por 15 mil dólares. En la actualidad, Philistines está bajo el resguardo de la Colección Worrel. Pero esta acción, depredadora, sólo fue el inicio de las actuales prácticas que definen el mercado del arte.
En vida, ninguno de sus cuadros superó los 100 mil dólares. Sin embargo, en la subasta organizada por Sotheby´s en noviembre de 1997, el cuadro titulado Bautismo (1982) se vendió por 1.4 millones de dólares. Y no fue suficiente. Exactamente un año después, el Autorretrato, realizado en 1982, alcanzó 3.3 millones de dólares. La tendencia en el inicio de siglo no fue distinta. Hace doce años, en mayo de 2002, la casa de subastas Christie´s de Nueva York vendió la obra Profit I (1982) por 5.5 millones de dólares. En 2008, se subastó en Phillips de Pury Untitled (Fallen Angel), pintado en 1981, por poco más de 11 millones de dólares. En mayo de 2012, Simon de Pury martilló Untitled (1981), un autorretrato sobre madera, por más de 16 millones de dólares.
Recientemente, durante la subasta de arte contemporáneo y de posguerra realizada el 27 de junio de 2012 en la casa Christie´s de Londres, se consiguió un nuevo récord (el significado de carrera artística es literal) con otro muy semejante autorretrato sobre lienzo del año 1981. La obra perteneció al acervo del Museo de Israel, con sede en Jerusalén; institución que en el año 2007 lo vendió a un coleccionista privado por 14.6 millones de dólares. Con un avalúo inicial de 13 millones de libras, el martillero cerró la compra de Untitled (1981) en poco más de 20 millones de dólares.
Por último, en noviembre de 2013, Christie´s de Nueva York alcanzó un nuevo récord con Untitled (1982): $29,285,000 DLLS.

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Puja de Untitled (Fallen Angel)

III

A partir de 1986, la pintura de Jean-Michel giraría, depurada de color y sintaxis, en torno de la muerte. Baste con recordar algunos títulos de sus últimas obras: Para ahuyentar fantasmas (1986), Lápida (1987) y Cabalgando con la muerte (1988). En los cuadros Heroica I y Heroica II (1988) está inscrita obsesivamente la frase “un hombre muere”. Inevitablemente, al hablar de la muerte se está escribiendo sobre la vida. En otra pintura, Riddle me this Batman (1987), aparece una señal semejante a un círculo que es usada por vagabundos y que significa “aquí no hay nada que ganar”. Jean-Michel lo sabía y así lo declaro en una entrevista con Isabelle Graw para la revista Wolkenkratzer: “Empiezo un cuadro y lo termino. No pienso en el arte mientras trabajo. Intento reflexionar sobre la vida.”

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