Narciso en el espacio

Para Iñigo, mi hijo

 

Boba Fett es el personaje secundario (lo llamaría “accidental” si no fuera un sacrilegio) más famoso de La Guerra de las Galaxias y quizá del cine: no sale en el Episodio IV (“la Uno”, para quienes vimos el estreno en 1977), aparece 6:31 minutos en El Imperio Contraataca y diez más en El Regreso del Jedi… Un cuarto de hora en veintidos años y un recuerdo eterno quizá porque es un guerrero y usa un casco verde con filos rojos que, abollado en la parte alta del lado izquierdo, es de verdad amenazante porque la visera obscura no permite adivinar ninguna expresión en su cara.

Boba Fett

Boba Fett

El rostro de Boba Fett es una máquina: idéntico a otros cientos, porque eso persiguen los uniformes: desaparecer las características únicas, la persona, de modo que se puedan enviar doce números a tomar por asalto una pequeña fortaleza sin considerar demasiado las posibles bajas: ningún soldado fue  imprescindible porque los ejércitos son cuerpos de tropa ‒como El Maligno, que es legión‒ y los clones, además, fueron educados para morir peleando por la República. Y más adelante, por el Imperio…

El problema con este guerrero es que no es un clon. O que lo es, pero se le dio un trato especial: criado y crecido “a mano”, sin que intervinieran las técnicas de desarrollo acelerado empleadas en Kamino, Boba Fett no piensa en sí mismo como un Stormtrooper, y su búsqueda de venganza tras la muerte de Jango refleja, como la coplas de Jorge Manrique,[1] el amor que sentía por su padre. Incluso con la dificultad de asumirse hijo de alguien genéticamente idéntico cuando cierta lógica de ciencia y realismo sugeriría que se trata de un ejemplar más joven del mismo hombre, una copia reciente de sí que, sin embargo, es otro ser vivo completo y único y no, como ocurriría con un libro en dos ediciones distintas, la misma obra en forma renovada. Difícil, ¿no?

Jango Fett

Jango Fett

Sometido a un análisis realista ‒uno que parta de lo que hoy es posible en la Tierra‒, este rasgo del universo Star Wars cuestiona e incomoda muchas ideas generales sobre la paternidad; respondernos algo (aún sin alcanzar acuerdos) obliga a preguntar, cuando menos, si ésta consiste en aportar el espermatozoide necesario para un cigoto, en criar a los cachorros, en ambas cosas y además vincularse emocionalmente con ellos (o no), en todas las anteriores o en ninguna de ellas porque, en realidad, pensamos en función de lo que sabemos y hemos vivido. Situación ajena por completo a la forma en que Boba entra en la vida de Jango y que, en cambio, genera más dudas sobre las razones para hacerse padre: amor a la pareja, a sí mismo, accidentes sexuales y principios religiosos (pienso en el embarazo no deseado de una novia antiabortista, por ejemplo); valores e imágenes culturales como patria, familia, honor u honra; manifestaciones directas de hombría, virildad o inconsciencia, todas las cuales, además, pueden vincularse nuevamente (sueltas o por grupos) cuando menos con las ideas de patria, amor a la pareja y/o rechazo al aborto aunque ahora no podamos revisar una por una.

Finalmente, porque el personaje es casi ajeno a nosotros, quedamos obligados a pensar cómo se caracteriza a “un buen padre”: como proveedor de sustento, enseñanza y educación, por ejemplo; o como un reto a vencer o un ejemplo a seguir. Entonces, por pura lógica, habrá que cuestionar las razones por las que “ser un buen padre” resulte importante, “necesario” o incluso deseable. No asumamos nuestras ideas como hechos, observamos nuestra forma de pensar y notemos que el lugar común (nosotros pseudopensado automáticamente) presume que cualquier personaje (o todo hombre) “seguro querrá” ser padre porque esto es “lo natural”. Punto que subraya cómo pensamos “lo humano” en función de una Naturaleza que, al menos en universos como el nuestro y el de Star Wars, es ya un paradigma difícil de invocar como justificación pues nuestro comportamiento es ajeno al más inmediato de los animales, y es impensable vivir al margen de nuestra misma manipulación “humana”.

Jango and Boba

Jango and Boba

Jango representa, pues, el deseo de paternidad… un deseo de paternidad; ese deseo de paternidad, el suyo, exactamente igual que tod@s encarnamos nuestra necesidad de “trascendencia”, creo. La diferencia está en su posibilidad de cobrar a la República por el material genético con que construirá un ejército, y en exigir que se le entregue un primer clon inalterado: Boba, Boba Fett, un hijo que es su clon o un clon que será su hijo… casi como un fénix pero sin la identidad que, entre ellos, hace clara la explicación pues renacen. La dificultad es que Jango no da explicaciones:

Jango Fett: I’ll accept your offer, Tyranus. On one condition…

Count Dooku: Which is?

Jango: I want the first clone for myself, unaltered.

Dooku: Might I inquire as to why?

Jango: You might.[2]

De forma que, mientras cuida una vida afirma, también, la poca importancia que da a otros varios millones de seres que existirán a partir de la suya ¿como quién dona esperma en un banco, quizá?

Count Dooku

Count Dooku

Hace un tiempo escuché la historia de alguien que ‒¿como Jango?‒ dona esperma porque está convencido de que así ayuda a quien no puede tener hijos,[3] y de que un deseo de paternidad tan fuerte como para aceptar que en sentido genético se tendrá “un hijo de otro” garantiza la buena crianza de la futura persona, al menos por contraste con la reproducción no planeada entre adolescentes marginales y familias hacinadas, me dijeron que dijo.

Y es cierto. Al menos hasta donde él lo pensó.

La duda es cuántos otros escenarios son posibles más allá de una pareja que lleva “años tratando” y no lo consigue. La duda es si toda mujer que desea un hijo debe conseguirlo porque se paga una inseminación: ¿las que no pueden no lo merecen? Quizá la lógica subyacente es que para las mujeres que fundan familias monoparentales es mejor elegir con seguridad y certeza el material genético por usar en vez de acostarse con alguien que parece sano e inteligente para concebir un hijo sin decírselo. Y entonces tendrán razón en usar un banco de semen y entonces es bueno que hombres como Jango hagan depósitos dos veces por semana durante los seis meses que se piden a un donador una vez que demostró estar médicamente sano y es aceptado.

donacion-semen-requisitos

El punto es qué pasa cuando la gente no es como Donador imagina, porque ‒en contraste con una persona que espera ser adoptada porque existe en vez de ser un plan al gusto[4]‒ a nadie que compre esperma se le pide mostrar que puede criar a otro. El “problema” que se atiende con los bancos y la donación de semen está, así, en la satisfacción de un deseo específico e insatisfecho (de algunos, nada más) arraigado en la no Aceptación… que en cambio cultivamos todos.

Si el punto es que una pareja se ama tanto que quiere un hijo del otro ¿cómo participa el hombre infértil que origina esta historia supuesta? Él ciertamente tendrá un hijo de su mujer ¿y ella qué tiene, un hijo suyo que en mitad de un pleito dirá que es su propiedad porque tiene su carga genética y no la de él?

Al final del día parece más importante tener hijos con el otro porque se confía en esa persona y se espera compartir con ella los retos de la crianza; incluso si no es [m/p]adre genétic@ porque las crías son de una pareja previa. Animales como somos, algo muy hondo sigue impulsándonos a formar nidos propios; pero si no es posible fundarlos, lo importante es ser el cobijo que ell@s querrán ser luego y tener presente que, sin duda, Jango deseaba, alimentó, enseñó y educó a Boba porque lo amaba tanto como a sí mismo… pero que no está claro si alguno de ellos les bastó con eso.

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[2]   Ver Star Wars: Bounty Hunter, juego de PS2 estrenado en 2002 cuya historia precede al Ataque de los Clones

[4]   En http://fertimexico.com/descargas/DONADORES%20DE%20SEMEN%20NACIONALES.pdf únicamente se listan hombres caucásicos con, al menos, licenciatura, lo que sugiere el modelo aspiracional de la clientela, creo.

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