La ruleta en internet

Desde hace unos años que he empezado a probar todos los productos y servicios que ofrece el internet, especialmente los referentes a la parte social, ya sean redes sociales, chats y sitios para conocer parejas. Dentro de todos estos servicios he encontrado que no hay mayor complejidad en su funcionamiento: el usuario siempre propone con base en las reglas del juego que marque la página. Por este motivo estos productos y servicios son tan comunes, usados y aceptados. Pero, ¿qué pasa cuando no hay reglas establecidas por la página y es el usuario quien plantea el modo de interacción?

Esa pregunta me llevó a probar los servicios de chats tipo roulette. Para quienes no están familiarizados, estos chats consisten en conectar a dos usuarios que no se conocen y ponerlos a platicar, ya sea por texto o, de manera más interactiva, en video. Las dos páginas más famosas de este tipo son Chatroulette y Omegle.

La primera fue desarrollada en el 2009 por Andrej Ternowskij, un joven de 17 años proveniente de Moscú. El caso de Omegle es similar pues fue desarrollada en 2008 por Leif K-Brooks, de 18 años originario de Vermount. Él logró conseguir hasta 150 mil visitas al día. En ambos casos, la situación no ha sido nada fácil para los creadores. Han surgido una serie de problemas legales que involucran exhibicionismo y menores de edad, pues los usuarios han utilizado estos portales para mostrarse desnudos y en actos sexuales. Pero más allá de estos conflictos, la conexión con extraños puede dinamitar distintas interacciones sociales.

Omegle

La semana pasada realicé, junto con un locutor, un programa de radio vía internet al tiempo que buscábamos gente en Omegle. El resultado fue una interesante mezcla de dos medios de comunicación, uno tradicional aplicado a internet y otro un tanto más invasivo y novedoso. Durante 5 horas convivimos con la mayor cantidad de personas desconocidas, intentamos convencerlas de pedir una canción para que la escucharan en nuestra estación. La intención del experimento romper esta pared que hay entre un locutor y un radioescucha, tratar de hacer esto más interactivo, dejar que los espectadores experimentaran de cierta forma estar en la cabina. La experiencia fue uno de los momentos más divertidos en mi corta vida de locutor: buscar audiencia entre 20 mil usuarios a esas personas dispuestas a dejar por una lado su pasión por la apodysofilia y decidieron darle chance a la melomanía. Para enterarse de la aventura completa pueden leer la crónica de esa noche aquí.

La mejor oferta este tipo de servicios es la oportunidad de platicar con desconocidos de cualquier parte del mundo, desde un DJ haciéndose promoción, hasta grupos de estudio buscando personas que hablen otro idioma. Todos los usuarios están a la búsqueda de alguien, no importa quién sea, haciendo de esta experiencia algo único e irrepetible, pues la oportunidad de encontrar a alguien dos veces es casi imposible, ya que el promedio de usuarios conectados en Omegle es de aproximadamente 30 mil.

Al final, estos chats son una de las herramientas más puras del internet. Ahí, los usuarios comparten lo que sea, desde sus gustos musicales, su vida, su cultura, idioma y hasta su cuerpo. Entre tanto usuario desesperado por una interacción que no pueden realizar con tanta libertad en el mundo real, existe alguien del otro lado de la pantalla que estará en la misma situación. Por este motivo, con mi poca experiencia dentro de estas páginas, puedo admitir que tienen un alto grado de adicción.

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