Octavio Paz, la Sombra del Caudillo

El centenario de Octavio Paz (1914-1998) ha acarreado su confirmación como la figura de escritor de Estado por antonomasia, lo que tanto han querido matizar los palatinos del poeta de Mixcoac afirmando en todo momento su postura crítica ante el Estado. De tal forma hemos visto desfilar programas especiales de televisión, homenajes nacionales y plumas como las de Enrique Krauze y Guillermo Sheridan, quienes en todo momento resaltan de Paz por un lado su aspecto liberal y por el otro su carácter eminentemente democrático. Krauze, en su papel habitual, arremete en contra de la izquierda latinoamericana, y acusa la intolerancia de ésta ante un hombre de “izquierda”:

Su posición frente al poder ideológico dominante del sueño revolucionario de la Unión Soviética, de Cuba y aún de las guerrillas sandinista y salvadoreña lo llevó a confrontarse directamente con la izquierda latinoamericana y mexicana. Allí la izquierda mexicana y latinoamericana perdieron a un gran interlocutor y la oportunidad de debatir con un hombre de izquierda sobre el socialismo y sobre la libertad y la democracia.[1]

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Octavio Paz y Carlos Salinas de Gortari

Sin embargo, ese hombre de “izquierda”, que en su momento no se afilió al Partido Comunista Mexicano, a diferencia de sus pares generacionales como el poeta Efraín Huerta y el narrador José Revueltas, y quien llevó la Revolución Mexicana como moneda de cambio ante la izquierda internacional hasta que se topó con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994, y que lapidariamente rotuló como “un grupo de irresponsables demagogos”, suceso tras suceso histórico mostró que más allá de un interlocutor, el poeta derivó en un intelectual del llamado “fin de la historia”, basado en la tesis Francis Fukuyama, quien declaraba el fin de la lucha de las ideologías y el triunfo de la democracia liberal, de tal forma se declaraba el triunfo del individualismo y el libre mercado. No es de extrañar entonces que al caer los gobiernos priistas basados en el nacionalismo y en el control del Estado que intermitente, pero que de forma puntual criticó, y se iniciará con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) el proceso de viraje al neoliberalismo y el capitalismo popular, que enarboló Margaret Thatcher, el poeta no sólo dejó a tras la crítica al priismo, sino que apoyó decididamente las reformas económicas salinistas. En este sentido el poeta y filósofo Enrique Gonzalez Rojo Arthur apunta:

Paz está a favor de lo que llama una «vía comunitaria» que no es otra cosa que el punto de vista de Bush, de Salinas y de toda la, por así llamarla, internacional monetarista. Dejaré sentado desde ahora que siendo Paz algo así como el intelectual orgánico del salinismo en el poder, primero lee, interpreta y expresa los intereses de este grupo, después los sintetiza, los ordena y los adereza con algunas aportaciones y finalmente les da la forma literaria (en ocasiones deslumbrante) que requiere un discurso ideológico verdaderamente manipulador.[2]

Paz y su última esposa, Marie-José Tramini

Paz, su última esposa, Marie-José Tramini, y Enrique Krauze

El proceso que describe el pensamiento político de Octavio Paz no es en absoluto lineal, si bien inicia con nociones de la izquierda revolucionaria y específicamente zapatista, heredados por su padre quien luchó durante la Revolución Mexicana en las filas del General Emiliano Zapata, y prosigue hacia el antifascismo que se hace patente cuando publica en una plaqueta su poema “¡No pasarán!” (1936), en contra del golpe de Estado iniciado por Francisco Franco en España, es evidente que Paz es un crítico de los totalitarismos, desdeña pertenecer al Partido Comunista y detesta la línea estética del realismo socialista, eso lo aparta de la Unión Soviética hasta su rompimiento total cuando se conocen los campos de concentración estalinistas y las atrocidades cometidas con obreros e intelectuales disidentes. Sin embargo, esta línea liberal que tiene su punto más alto cuando Paz renuncia a la embajada de México en la India tras la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, se desvanece al finalizar el siglo XX. La imagen de Octavio Paz de los 80 y 90 es la del intelectual que se ubica al centro del aparato cultural nacional, con una guerra declarada ante la izquierda, y del todo útil para el Estado que ve en él la encarnación del interlocutor con la clase letrada del país y quien podrá justificar ante el mundo las reformas económicas salinistas, las cuales señaló como motivadas por necesidades internas y con antecedentes históricos visibles, cuando de hecho respondían a exigencias del FMI y los Estados Unidos tras las constantes crisis económicas provocadas por los gobiernos nacionalistas de Echeverría y López Portillo.

Finalmente, Octavio Paz es, de hecho, en su centenario, el intelectual del Estado, y más aún el intelectual del PRI presente, que ha acogido su figura no como la del gran poeta y ensayista, sino como ese exitoso interlocutor de la clase erudita que justificó las reformas económicas salinistas, que ahora, con la reforma energética de Enrique Peña Nieto aprobada en 2013, viven su cenit.

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[2] Enrique González Rojo Arthur, Cuando el rey se hace cortesano, México: Editorial Posada, 1990. p.p. 20-21.

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