El simulacro de la novedad

Todonuevo

Caen con el peso del aguacero, y entonces se les pude ver por todos lados; enloquecidas masas que pierden el control justo porque desean mantenerlo, sin siquiera permitirse soltar la rabia acumulada o la primera risa. Llueve, y eso es lo que parece provocarles un corto circuito, pues se trata de algo inconfesable: que más allá de su volición, en efecto las gotas caigan. El intento de cuadrar mito personal con identidad, a lo largo de los años se hace cada vez más doloroso y acumula negrura en las nubes. Y un día el chubasco. No ser eso que se dijo en un principio, que convino para la adaptación, cuadrar el devenir, hacerlo previsible.

Acá entonces se me ocurre, en medio de la lluvia, que todo es nuevo bajo el sol. Nada reúne en sí las condiciones del pasado de tal manera que le obligue a abandonar su presencia. Nada es en sí mismo recuerdo, sin ser a la vez algo más. Esa es la historia. Su complejidad es de tal manera inaprensible, que será más certero decir que aquello no se puede repetir, pues somos incapaces de realizar una sumatoria fiable de lo que en verdad una cosa es, sin cometer errores infinitos. Lo dicen los científicos más honestos, y también los gnósticos. Walter Benjamin también:

Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido». Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro”.1

Dragons, de Pedro Palma Casanova

Dragons, de Pedro Palma Casanova

Decir que algo es igual a sí mismo es una estrategia para el acuerdo, claro, para no perder el poco control que la cultura fue capaz de infundirnos luego de que nos almibaró el alma con aquella idea del Dios único. Entonces, suficiente para engañar a la realidad, que tiene mucho menos de lo que imagina de sí misma, y mucho más de otras cosas:

“El materialista histórico no puede renunciar al concepto de un presente que no es transición, sino que ha llegado a detenerse en el tiempo. Puesto que dicho concepto define el presente en el que escribe historia por cuenta propia. El historicismo plantea la imagen «eterna» del pasado, el materialista histórico en cambio plantea una experiencia con él que es única”. 2

Si algo así fuese una creencia que pudiese quedarse en más de nosotros, los estetas que nos venden lo nuevo (la novedad) por sobre lo que aparentemente no lo es, se desbarrancarían. Si bien, nada puede ser creado de la nada –con lo cual entonces la afirmación contraria tendría ahí sentido–, nada tampoco tiene las mismas constantes, todas a la vez. Decir que todo es igual –como afirma por ahí una letra de los Redonditos de Ricota– es una tontería. No se trata de una masa de hechos para llenar el tiempo homogéneo y vacío,3 sino una constelación de lo no nombrado. Lo todonuevo entonces no necesita ese nombre, porque no se compara con nada. Habrá que desecharlo también. Los pueblos no repiten su historia, sino que encadenan un universo de contingencias para que, en algunos momentos, aquella dé la sensación de inmovilidad. Sin embargo, basta ver la manera en la que la información banal se torna trascendente, y la confiable se banaliza, para darnos cuenta de que todo se mueve como un “príncipe de las modificaciones”, que se parece a nosotros, salvo en la incapacidad para percibir que las entidades que somos también se transforman en lo que parecían no ser. Son nuevas, siempre distintas. Como decía Hakim Bey: A Eros nunca le creció la barba.

Organismes Prospectus, de Pedro Palmas Casanova

Organismes Prospectus, de Pedro Palmas Casanova

 

El Eterno Retorno de Klossowski

Pierre Klossowski, al referirse a su personaje divino que rige a seres incorpóreos en la novela El Baphomet, recupera una constante no ordenada que se opone al planteamiento metafísico tradicional, para reivindicar lo extraño y su devenir. Si se trata de un Dios, es un Dios negativo. En todo caso, una reconsideración suya, en los términos de los seres del aire descritos en la novela. En el prefacio a la edición argentina, Luciana Tixi argumenta que si bien el personaje encarna el problema del Eterno Retorno, no es de manera que aquello que vuelve lo haga como idéntico a aquello que fue, sino como algo sin origen ni fin, [que] arrastra la imposibilidad de lo mismo, insinuando que toda realidad es, en definitiva, un simulacro.4 Aquel desarrollo venido del estoicismo, llevaría a Nietzsche a afirmar que el Superhombre sólo podía concebir la dicha de volver a vivir la experiencia de una vida plena. Klossowski consideraba que esta idea de Nietzsche era una parodia.

Juan García Ponce nos recuerda en su brillante ensayo La errancia sin fin 5 que Klossowski usa la literatura para burlarse del lenguaje de la teología y así, invirtiéndolo, recuperar el sentido de los preguntas que la misma teología realiza. El Eterno Retorno no tendría sentido para esos soplos de vida que se confunden unos con otros en El Baphomet, como pensamientos que se contradicen, imposibilitados para marcar un territorio fijo. Una reinterpretación curiosa acerca de cómo la eternidad no es algo que pueda ser concebido fuera del presente, como tiempo cumplido en su goce, en su perfección radical sin necesidad de ningún regreso, a causa de que nunca se fue a ningún lugar.

Le Baphomet

 Hay una clave que me hace ligar entonces la definición del concepto de historia en Benjamin y las elucubraciones de  Klossowski, para diferenciarlas del rosario con el cual se intentan seriar los acontecimientos para normalizarlos. La permanencia del cuerpo como territorio, morada para un espíritu errante es una imprecisión, como el dominio de lo nuevo sobre un pasado definido. Dice  Klossowski:

“Uno no está jamás donde está; sino siempre ahí donde uno no es más que el actor de ese otro que uno es”.

Quizá, de esos otros; tantos como sea posible imaginar. A su vez García Ponce parece completar:

 ”La única unidad no es la de las almas, ni tampoco la de los cuerpos, sino la de la «intensidad más fuerte»”.

  —–

Notas

 1 Walter Benjamin. Tesis de filosofía de la historia. Taurus. Madrid, 1973.

2 Ibíd

3 Ibíd

4  Tixi, Luciana. Prefacio en El Aphomet. Klossowski, Pierre. Las Cuarenta. Buenos Aires, 2008.

5 García Ponce, Juan. La errancia sin fin: Musil, Borges, Klossowski. Anagrama. Barcelona, 2001.

 

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