Espacios y no-lugares. Reflexiones en torno a la práctica artística de sitio específico

Si partimos de la realidad como un concepto que al final del siglo XX ha sufrido diversas transformaciones, debemos aceptar que no existe un sólo espacio, sino multiplicidad de representaciones del mismo. Los lugares se recrean desde la cultura, y gracias a la capacidad de dimensionar que nos otorga el constante descubrimiento del universo, sabemos que la representación de nuestro espacio personal y del espacio que como especie ocupamos es constantemente re-definido por medio de la concepción física y mental de los diversos grupos humanos (Auge, 2008, 37-8). Nicolás Bourriaud en su texto Topocrítica dice que la geografía de los artistas actuales explora más allá del mero espacio físico, tratando de descifrar los modos de habitar que se representan (Bourriaud, 2008, 17). Este punto será fundamental para el camino de la presente reflexión, pues señala con precisión cuál es el tipo de espacio que interesa describir: el espacio abandonado y reapropiado por medio del acto re-significador del artista, en su búsqueda de las redes que habitamos en diversas escalas por medio del arte (Bourriaud, 2008, 18). El espacio como lugar cultural, como sitio de encuentro de experiencia y cambiante relación entre sujetos, como dice Miwon Kwon en su artículo The Wrong Place: “en el giro conceptual, la idea del Sentido es abierta, constelación desenfocada, porosa de contingencias” (Kwon, Art Journal 59/1, 2000). Es el espacio convertido en un Lugar.

El segundo eje conceptual de esta reflexión es lo que Bourriaud llama la ‘zona offshore’ es decir, la esfera del arte. El mundo del arte como un apartado reflejo y sintomático de la realidad. Este ángulo de análisis provoca la reflexión en torno a la materialidad del sitio específico, la capacidad imaginativa del artista y el delicado muro divisorio entre lo utilitario y lo reflexivo, es decir, el objeto artístico creado para el sitio determinado.

Tapumes 2 HOliveira DR Sarah Holden, 2009

Tapumes, H. Oliveira. (DR. Sarah Holden, 2009).

Gilles Deleuze y Félix Guattari coinciden con Nicolas Bourriaud en la manera de configurar la realidad, cuando dicen: “escribir no tiene nada que ver con significar, sino con deslindar, cartografiar incluso, futuros parajes” (Deleuze, Guattari, 2004, II). Exactamente eso se busca aquí, la cartografía de la práctica artística de sitio específico, a través de una pieza del brasileño Henrique Oliveira en la VII Bienal do Mercosul en Porto Alegre, en 2009. A pesar de la distancia temporal de la pieza, es significativa puesto que el lugar donde se instaló contribuye absolutamente al significado de la obra y a su valor como ejercicio de representación de la realidad. A continuación el porqué.

 

El espacio cultural: un lugar

Marc Auge define el no-lugar como el elemento contrario al lugar determinado y con significado en tiempo y espacio. El lugar será aquel que se identifica con una práctica y un grupo social, como la iglesia o la casa habitada. El opuesto es el no-lugar, la zona que no tiene pertenencia, que no representa y que no participa de ningún vínculo social (Auge, 2008, 40); por ello, Espacio aquí se entenderá como sinónimo de Lugar. El espacio será aquel habitado, con pertenencia, con significado en lo social.

El pensamiento de dos autores dibujados por Marc Auge constituye el mapa conceptual de este ensayo. El primero de ellos es Michel de Certeau. De él, Auge rescata la definición de espacio como un ‘lugar practicado’, opuesto a los espacios creados exclusivamente para la circulación acelerada de personas –como un aeropuerto o una central de autobuses – donde no existe posibilidad de significación o de universos de sentido para los individuos. Aquí se encuentra un importante sentido del concepto de Lugar, definido como aquel espacio en el que las fuerzas de la cotidianidad son interrumpidas por elementos ajenos, en este caso por la intervención artística (Auge, 2008, 85).

El segundo pensador subrayado por Auge es Merleau Ponty. Este autor distingue el espacio geométrico (o espacio físico tridimensional) del espacio antropológico, este último como lugar de experiencias en relación con el mundo, de ‘un ser esencialmente situado en relación con un medio, un espacio de existencia opuesta al no-lugar (Auge, 2008, 86).

A partir de esta definición del lugar como la zona practicada socialmente, ubicada en tiempo y punto determinado, volvemos a Bourriaud. La práctica artística de sitio específico interviene en la transformación del no-lugar en un espacio de pertenencia y por lo tanto en un espacio cultural al devolver significación por medio de la representación del espacio, su formulación y la manifestación de relaciones interpersonales, creando así el juicio estético donde antes no tenía lugar. La dinámica de re-creación del lugar es la topología, como rama de las matemáticas que se dedica a estudiar la calidad de los espacios, a su transición de un estado a otro. La topología como herramienta artística se refiere al dinamismo, al movimiento de las formas, y a la re-invención de la realidad  a partir de territorios transitorios, en transformación perpetua (Bourriaud, 2009, 89).

Tapumes HOliveira DR mc07 2012

Tapumes 2, H. Oliveira. (DR. mc07, 2012).

La movilidad de significados y la transitoriedad de realidades son cualidades de la práctica estética de sitio específico. Se trata no sólo de intervenir el espacio inerte, sino de descubrir las configuraciones que le dan identidad de lugar y que dotan de significado al espacio, partiendo de la volatilidad que tal significado tendrá, puesto que dicha identidad dependerá del elemento temporal. Es justo en esa característica donde está la importancia de la práctica artística, al jugar con los significados, ser parte del rompimiento de unos para dar lugar a otros, siempre desde la actividad reflexiva y nómada propia del arte.

 

Tapumes, Casa do Leões, de Henrique Oliveira

Alumno de Paulo Whitaker y Nuno Ramos, y fuertemente influido por Kurt Schwitters, trabaja siempre con formas y volúmenes monumentales, de naturaleza curva y siluetas orgánicas. En ocasión de la VII Bienal do Mercosul, Oliveira intervino una vieja casona de Porto Alegre, Brasil. La serie Tapumes remite a la naturaleza de esta palabra, que significa borde o frontera, y en el caso de la intervención del artista hace referencia a lugares apartados, vacíos y de paso.

La pieza consistió en intervenir la casona con estructuras bulbosas de madera y pvc, que entran y salen del edificio por puertas y ventanas. La textura y material de los elementos refieren a las tonalidades de la piel humana, dotando la instalación de una sensación orgánica o naturalista.

La vieja casona se incrusta entre dos edificios modernos. es un predio abandonado, integrado a la rutina de quien camina por la calle sin tenerla en cuenta. Oliveira toma este predio olvidado, este no-lugar, ese punto en el tiempo que demora la modernidad y crea un boquete en el paisaje de ciudad moderna. Oliveira transforma, re-interpreta ese punto en el espacio y lo devuelve al mapa cultural de quien camina por la calle. La instalación sorprende al caminante, y rescata el inmueble de la invisibilidad, de la rutina, para ser mirado con nuevos ojos y así manifestarse en el paisaje cultural, a través de las bulbosas formas de la intervención de sitio específico de Henrique Oliveira.

tapumes street DR HOliveira 2009

Tapumes. (DR H. Oliveira, 2009).

La calle es un no-lugar, un espacio de paso sin identidad, y por medio de Tapumes se convierte por un momento en un lugar donde convergen tanto el pasado de la casa como el presente de la actividad artística. Los paseantes miran, voltean la vista a la vieja casa antes ignorada. La casa se convierte así en un lugar, un espacio de significado y habitado no sólo por la comunidad, también por la práctica estética de Oliveira.

La calle es el sitio donde Casa do Leões está presente y ausente al mismo tiempo. Oliveira logra otorgarle un lugar entre los caminantes, pero no le devuelve la presencia que tuvo al ser creada. No es su objetivo el devolver habitabilidad a la casa, sino provocar la reflexión sobre la misma al hacerla presente para la comunidad que la mira, y al mirarla, la hace suya, la re-significa. Como bien dice Bourriaud: “La esfera artística es una zona de actividades en la que predomina la representación, y ésta se caracteriza por una distancia que le es propia en relación a lo real”(Bourriaud, 2008, 18).

Esta casa se encontraba en un momento de poca significación cuando Oliveira decidió intervenirla. Era el momento en que las concepciones culturales a su alrededor le habían otorgado el valor nulo de una propiedad sin utilidad o integración cultural. El predio escogido por Henrique Oliveira estaba en el apartado social de lo olvidado, lo inútil y lo estorboso, desde los puntos de vista histórico, económico y mediático. En ello radica justamente la efectividad de la acción de este artista, en re-significar aun cuando todo sentido cultural está desechado, re-activar cuando pareciera que se ha llegado al final de la historia, dotar de sentido algo que la comunidad ha determinado como olvidado.

 

Bibliografía

Marc Auge, Los “no lugares” Espacios del anonimato. Una antropología de la Sobremodernidad,

Barcelona, Gedisa, 2008.

Nicolas Bourriaud, “Topocrítica. El arte contemporáneo y la investigación geográfica” en Heterocronías. Tiempo, arte y arqueologías del presente, Murcia, CENDEAC, 2008.

———–, Radicante, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2009.

Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-textos, 2004.

Miwon Kwon, ‘The wrong place’, en Art Journal, Vol. 59 No. I (Spring 2000).

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