Dad Vader

para papá
-5a sinfonía, Ludwig van Beethoven

Durante muchos años, Darth Vader me provocó miedo como (supongo que lo hacía) mi padre. Hoy, en cambio, su figura filtra muchas de mis ideas sobre la paternidad y sobre cuál es para mí, y creo que para muchos varones nacidos en los 70, la forma “correcta” de conducirse como hombre y padre, o no.

Decir que Anakin Skywalker se perdió por amor no sería una mentira; ni sería cierto si admito que, con las primeras seis películas sobre la mesa, mi visión actual contrasta mucho con la angustia que, a los nueve años, me provocó el entrenamiento de Luke dentro de la cueva en el planeta Dagobah: allí y entonces lo único que (no) entendí era que al decapitar a Vader ‒al matar al malo, cuando los buenos debían ganar automáticamente‒ Luke hallaba su propia cabeza en el oscuro casco que rodaba al suelo; que eso se relacionaba con la incomodidad y admiración que me provocaba papá; y que la máscara era una forma de decir que (en el fondo) uno se parece a su padre más de lo que quisiera aunque en el fondo (del casco y la máscara) ellos no sean ni tan malos ni tan diferentes a nosotros.

Im your father kct

Hoy mi padre es abuelo y escribo esto después de que la narración se completara durante el año en que nació mi hijo. Hoy me parece que durante muchos años fue muy fácil condenar a este Lord Sith porque George Lucas planteó el personaje como un ser autoritario al que debía obedecerse pero era imposible admirar; una figura enorme y amenazante por lo que tenía de no-humana: prótesis, un panel de controles en el pecho, respiración siempre sonora a medio camino entre el ujjayi pranayama y el asma; un aprendiz que, finalmente, porque espera que se le obedezca incuestionablemente, es más un títere que un guerrero.

Hoy también entiendo que Darth Vader no es un poderoso padre que intenta destruir a su hijo (lo creí durante el cuarto de siglo que va del 80 al 2005) sino un hombre asustado por la idea de perder a su familia… aunque en realidad todavía no la tenga.

Que la imagen es paranoica, es cierto; mas no por eso menos aterradora y/o respetable: creerse único responsable por los otros pesa muchísimo, y frecuentemente se nos educó para asumirnos máximos, cuando no únicos, proveedores de bienestar y seguridad para nuestras familias; rol del padre en el PopCult norteamericano pero muy cercano a lo que Pepe el Toro hubiera hecho por su Torito y la Chorreada si no hubieran muerto en el incendio, creo…

Vader condon

Y entonces es claro como en el cine, y a pesar de todo, la angustia es una forma cómoda del no-hacer, una postergación, un instalarse a contemplar lo terrible de la responsabilidad adquirida, sufrir por ello y lamentarse sin estar obligado a actuar ni a resolver nada nunca: muerta la madre de sus hijos, el conflicto del nuevo padre es tal que se queda ciego de dolor e ira, sin vida más allá de su ser-un-gran-Lord-Sith (un trabajo a fin de cuentas), oculto tras una máscara que no le permite mostrarse (medida exacta en que lo protege de la mirada de otros) pero tampoco verse mientras al contrario, para intentar ser padre, importa saber cómo es uno (más o menos) exactamente. Y Anakin Skywalker es un niño asustado (hijo único, esclavo, sin padre, entregado por su madre a hombres extrañas… aquí una lectura psicoanalítica del personaje será, por típica, tan estúpida como tentadora) que se pierde por amor a su mujer y su hijo nonato en una escena que es terrible no por su contenido sino porque suma la rigidez actoral de Hayden Christensen ‒patente desde Clone Wars por como su rostro (no) muestra el “sufrimiento interior” de su personaje‒ con una intervención absurda de Natalie Portman en el guión, quien lo llama por su diminutivo al anunciar su embarazo:
‒ Are you all right? You’re trembling. What’s going on?
‒ Something wonderful has happened. Ani, I’m pregnant.
‒ That’s… That’s wonderful.
‒ What are we gonna do?
‒ We’re not gonna worry about anything right now. All right? This is a happy moment. The happiest moment of my life.
(Revenge of the Sith, 26:40-27:30)

Dont call me Annie

Pero también porque su calma (supuesta) y su felicidad (autoimpuesta) son semilla de la angustia que vendrá después. Darth Vader nace entonces del amor de un hombre a su familia (ahora puedo afirmarlo sin mentir), pero también del amor que Anakin tiene por cierta idea de si mismo:
‒ Careful you must be when sensing the future. The fear of loss is a path to the dark side.
‒ I won’t let this visions come true, Master Yoda.
‒ Death is a natural part of life. Rejoice for those around you who transform in to the Force. Mourn them, do not. Miss them, do not. Attachment leads to jealousy. The shadow of greed that is.
‒ What must I do?
‒ Train yourself to let go… of everything you fear to lose.
(Revenge of the Sith, 33:54-34:37)

Idea que lo aísla al avanzar la gestación y lo hará seguir a Palpatine/Lord Sidious en su desesperado intento por garantizar el bienestar de los suyos.

Me gusta creer que muchos años después, frente al momento de su propia muerte, el Ejecutor Imperial Darth Vader habría de recordar aquella tarde remota en que su amante lo llevó a conocer el miedo; pero no puedo saberlo. Me queda claro, en cambio, que conforme pasó el tiempo las películas de Star Wars se modificaron ante mis ojos y donde había un psicópata empoderado (en el episodio IV, 00:38′, Vader asfixia al Almirante Motti) empecé a ver un hombre que intenta compartir con su hijo las cosas que le interesan: entrenarse en el Lado Obscuro de la Fuerza, poner fin a la guerra ‒la vocación pacifista de los Siths fue siempre mal comprendida‒, acabar con el Emperador y regir juntos la galaxia, por ejemplo (The Empire Strikes Back, 1:50′  http://www.youtube.com/watch?v=Lbjru5CQIW4).

Darth Vader and Son

Será necesaria su muerte, sin embargo, para que Luke entienda que su padre lo ama ‒aún si la escena en que se decide tiene ese dejo de casi humor involuntario que hay en ver a una máscara dudar entre su hijo y su Maestro (.)‒ para luego, mortalmente herido por uno y otro, pedir que le saque el casco y verlo “aunque sea una vez con sus propios ojos” (1:59-2:01′ http://www.youtube.com/watch?v=McUwVg6MfOk en serio; http://www.youtube.com/watch?v=nq3NExGH_yY en tono fársico). Mirar el rostro del padre / contemplar al hijo como hombre parece, entonces, el punto final en el paternaje Vader / Skywalker y la posibildad para este hombre amoroso de abandonar su propia angustia, cultivada más de veinte años, ante su propio deseo de tener una familia…

Final feliz según la visión de George Lucas que, sin embargo, deja sin resolver la duda sobre por qué, en la pira, Anakin yace con casco y uniforme como si Luke se despidiera de Darth Vader (2:04′ http://www.youtube.com/watch?v=uaEwlu72BVo)… Los Jedi son, pues, un ejemplo a seguir pero la paternidad, en cambio, sólo puede parecer heroica cuando se la convierte en ejercicio cotidano de paciencia y cuidado con qué cantar a la vida, nunca cuando se la hace monumento a la falsa gloria del sacrificio mortal por los hijos pues éste no será, finalmente, sino minúscula entrega entre dos abandonos eternos

 

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