¿Cuál gesto?

Por casualidad me tocó visitar dos exposiciones que tratan el mismo tema de manera diferente que corresponden a artistas de generaciones y de geografías diferentes : Jonathan Hernández y Miriam Cahn. El primero forma parte de una exposición colectiva organizada por la galería Kurimanzuto, dentro del espacio de la galería Patrick Seguin, y la segunda presenta su trabajo en el Centro Cultural Suizo en París.

Cada uno tiene dos maneras de representar al cuerpo: el movimiento del cuerpo al interior y al exterior de la obra. Tomemos primero la serie Vulnerabilia, de Jonathan Hernández. Esta obra se trata (como en las películas) de una secuencia de fotos ordenadas, organizadas y distribuidas dentro de un cuadro que forman parte de un archivo personal que el artista reúne desde hace varios años. Las fotos consisten en recortes tomados del periódico que documentan escenas y gestos similares en condiciones, en temporalidades y en situaciones completamente diferentes como puede ser un puño levantado tomado en diferentes circunstancias, una posición precisa de las manos frecuente entre los políticos, el gesto de jalarle la ropa a alguien que puede ocurrir por igual en una manifestación política que en un partido de futbol, etcétera.

vulne

Este rasgo repetitivo pero secuencial me recuerda lo que  Lessing decía en el Laocoon sobre el escudo de Aquiles: se transformaba lo coexistente en consecutivo. Es decir la escenas que se encontraban representadas en el escudo, dentro de la narración de Homero son descritas una a una consecutivamente. En Vulnerabilia ocurre lo contrario, transforma lo consecutivo en coexistente, escenas recuperadas de la prensa en días diferentes, en momentos y en lugares distintos son ordenadas metódicamente en una cuadrícula irregular las unas junto a las otras compartiendo un mismo tiempo.

La repetición de un gesto en temporalidades y en geografías diferentes es la primera característica de los ocho cuadros de Jonathan Hernández. La segunda, implícita pero no por ello menos importante, radica en la dimensión y la forma de la obra: todas las fotos están ordenadas de manera tal que en conjunto forman un rectángulo de más o menos las mismas dimensiones, están encuadradas respetando obedientemente el mismo margen y todos los cuadros están enmarcados de la misma manera. Visto de lejos parecen el mismo cuadro repetido.

vulnerabilia

Frente a este trabajo la exposición de Miriam Cahn titulada  corporel/korperlich (corporal), precisamente contrasta por la manera de presentar al cuerpo. Lo importante, para lo que me interesa, es la forma en que la obra, los cuadros y las fotos que componen la exposición nos da un índice del lugar que ocupa el cuerpo en ella. Por un lado, en varios de ellos son evidentes las huellas del trabajo realizado, es decir las huellas de los dedos, de las manos y de los zapatos de la artista se encuentran registrados en los cuadros accidentalmente. Aunque hubieran podido ser borrados, la artista prefirió conservarlos. Por el otro lado, la participación del movimiento y de la observación del espectador obedece la disposición de las salas que siguen un orden concéntrico,  uno camina en forma de caracol. Consciente de esta condición, Miriam Cahn decidió disponer una parte de su obra en el suelo, por lo que para verlo es necesario agacharse, otra parte horizontalmente en la baranda del edificio de manera que uno debe asomarse a ellos como por una ventana, y el resto de forma tradicional sobre los muros. De esta manera es el cuerpo quien le da cuerpo a la exposición, el cuerpo que condiciona la obra y la obra condiciona el desplazamiento del espectador.

Miriam-Cahn-Dessins-Pont-de-lAlma-Paris-1979_large

Dos maneras de  representar al cuerpo. La primera encuadrada en una marco repetitivo, la segunda en movimiento. Con la exposición de Jonathan Hernández, el gesto queda encuadrado en una forma delimitada, bien ordenada  y literalmente bien enmarcada. Los gestos, nuestros gestos, son el marco que da sentido a nuestros actos, y como sabemos son los gestos ordenados, disciplinados y obedientes que originan una cierta cohesión en las sociedades modernas.

Decía Foucault en Vigilar y castigar: «La primera de las grandes operaciones de la disciplina, es la constitución de ‘tableaux vivants’ (pintura viviente) que transforman las multitudes confusas, inútiles o peligrosas, en multiplicidades ordenadas». El orden y la disciplina se convierten en un táctica antideserción, antivagabundeo y antiaglomeración. De la misma manera que el orden de las filas de un ejército permite vigilar la presencia y la ausencia de los soldados, lo visible y lo invisible, el tableau vivant permite reglamentar y regular al hombre, es a la vez una técnica de poder y un procedimiento de saber. «Con este sistema se trata de organizar lo múltiple, de crear un instrumento para recorrerlo y dominarlo, se trata pues de imponer un orden». Y más adelante agrega «El ejercicio de la disciplina supone un dispositivo que obliga por el juego de la mirada […] el aparato disciplinario permite ver todo en permanencia de una sola mirada».

La reflexión de Foucault le va como anillo al dedo a Vulnerabilia que ordena no sólo los gestos y los cuerpos representados en sus fotos, transforma las multiplicidades confusas en una cuadrícula organizada, sino que también disciplina la mirada del espectador, con una sola mirada es posible observar y controlar un conjunto complejo de gentes, de cuerpos y de gestos. Sentirse controlado y controlando, vigilado y vigilando. Saliendo de allí, ya es cosa de niños.

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