Febrero

Quizá porque antes del calendario Juliano febrero era el últimos mes del año. Quizá porque sucede bajo el amparo de Piscis (pez fuera del agua). Quizá porque el sol está viejo pero de a poco se acerca la Primavera. Quizá porque es la antesala de los idus. Quizá porque… Nada, sólo hay una verdad: Febrero es el mes más terrible porque es un terrible impase en el calendario deportivo mundial. Explicaré.

He sobrevivido a 30 febreros. Es decir, es triunfado al mes de la depresión postsuperbowl en 30 ocasiones. Algo tendré de experiencia.

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En febrero, tal parece que lo hace con delirio burocrático, el año no se asienta aún: no regresa la Liga de Campeones de Europa de su receso invernal; las ligas europeas del balompié atraviesan la mitad de temporada (bajones, malos entendidos en la cancha, el tedio de las jornadas 20-25, “todavía queda mucha liga para los torneos cerrados, y los aplastantes como el español ya sólo nos permiten la tensión (atención) en dos equipos, con la venia de dios serán tres, que disputarán el trofeo. El basquetbol, deporte que con Jordan llegó al cielo y a su muerte, no prende; y del Hockey apenas nos acordamos cuando nos invita a la pista de hielo (ay, recuerdos adolescentes de uno que nunca aprendió a patinar).

Febrero es ladino, es loco y voluble como su clima: apenas en los primeros días nos regala la Serie del Caribe de Beisbol… pero debemos conformarnos con unos destellos de de los peloteros latinoamericanos que juegan en la Gran Carpa.

No es de a gratis, uno piensa, que febrero sea el mes de la Decena Trágica, quizá que a este mes siempre le ha faltado emoción y pasión. Se comprende, febrero es un mes traumado por ser el más corto de todos los componen el calendario. Alguna arbitraria decisión sólo le colocó cuatro semanas exactas: 28 días.

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A veces, cada cuatro años, febrero nos permite los Juegos Olímpicos de Invierno, hermosos y ajenos desde los ojos criados en el Trópico. Es tan festivo que febrero se suma otro día y rompe con su simétrica monotonía.

No me gusta febrero. Es un mes sin atributos pero lleno de desplantes.; de berrinches. He sobrevivido a tantos porque tiene una suerte de penitencia: es el puente que nos lleva a marzo y al regreso de las Grandes Ligas, de la Champions y al inicio de los circuitos mundiales del deporte profesional. Febrero funciona como una promesa: cuando más oscura es la noche, más cerca está el amanecer… la primavera, el playball.
Sí, es eso, por eso los dueños del dinero le han metido eso que se llama “el día de los enamorados” y al que le han metido el apellido de la amistad (en un mundo de solitarios, la amistad de se vuelve bálsamo contra los abrazos y los besos pendientes).

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