#OscarsSoWhite? Raza y género en la 87a entrega de los Óscares

Hollywood, artífice de mitos y aspiraciones, patrocina un episodio más de la reiterada discusión acerca del racismo y del sexismo en la sociedad norteamericana. Ningún actor ni actriz negro(a) fue nominado(a) en la 87 edición de los Óscares. El hecho adquirió mayor relevancia debido a que, a pesar de que Selma, película dirigida por la afroamericana Ava DuVernay sobre la lucha por los derechos civiles encabezada por Martin Luther King Junior, fue considerada para un Globo de Oro y nominada al Óscar en la categoría mejor película, la directora no recibió mención alguna. Se hubiera tratado de la primera mujer negra en ser considerada como mejor directora.

El largometraje se enfoca en la marcha que partió de Selma a Montgomery, Alabama, en 1965, recordada, como el domingo sangriento (Bloody Sunday) debido a la represión de que fue objeto. Los manifestantes hicieron dos intentos antes de poder llegar a la capital del estado, destino que alcanzaron después de que Luther King consiguiera protección federal. Se trata de un episodio histórico considerado decisivo para la aprobación de la Ley de Derechos de los Votantes (Voting Rights Act) que prohíbe toda práctica racialmente discriminatoria específicamente durante de las votaciones.

Ava Du Vernay chambea

La película de DuVernay fue estrenada en noviembre del 2014 cuando las calles de Nueva York, Los Angeles, Miami, Washington y de otras importantes ciudades estadounidenses se poblaban de protestas contra la violencia policial que ocasionó la muerte de Erick Garner, estrangulado por un oficial en Staten Island, NY, al intentar arrestarlo por vender cigarros sueltos; y de Michel Brown, de 18 años, en Ferguson, Missouri: ambos hombres de color desarmados.

La prensa ha reseñado cómo media hora después de ser anunciadas las nominaciones comenzó a circular en las redes sociales el hashtag #OscarsSoWhite. De inmediato, los articulistas esgrimieron consideraciones en todos los tonos: unos señalando que las acusaciones provenían de la exacerbada sensibilidad de las y los activistas y otros que Hollywood no ha podido, a pesar de sus intentos, construir una mirada distinta, libre de los cánones dominantes en términos de raza y género.

Un ejemplo: Joe Concha en su nota titulada “Once Again, Race and gender Factor into Everything, Including Oscar Snubs”, explica que DuVernay no es la única mujer a la que se le ha negado una nominación; otras grandes directoras han quedado fuera, entre ellas Randa Haines, Valerie Faris, Lone Scherfig, Kathryn Bigelow; únicamente cuatro mujeres han sido reconocidas con la nominación a la mejor dirección: Lina Wertmüller (Seven Beauties, 1976), Jane Campion (The Piano, 1993), Sofia Coppola (Lost in Translation, 2003) y Kathryn Bigelow (The Hurt Locker, 2009); y de todas ellas, sólo la última ganó el premio. “So please, can we save the racist rethoric for a more worthy discussion?”, insiste el articulista (“¿podemos dejar la retórica racista para una discusión más digna?”). Finalmente, aunque el autor no lo explicita, su argumento apunta a sobreponer la importancia histórica del sexismo sobre el racismo.

Multi Racial

Otros comentaristas, como Stephen Whitty, recordaron que en la entrega 86, en 2014, fue premiada en esa categoría 12 años de esclavitud (12 Years a Slave) y que el actual presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas es el afroamericano Cheryl Boone Isaacs. Él mismo, Bonne Isaacs, negó que la falta de diversidad étnica y racial en las nominaciones de 2015 sea el reflejo de un problema sistémico; dijo, en todo caso, es la evidencia de que hay muchas buenas películas y algunas tienen que ser dejadas de lado si se trata de buscar la excelencia.

En sentido opuesto, se colocó en el debate la información difundida en 2013 por Los Angeles Times acerca de la composición de la academia: 98% blancos, 77% varones, con un promedio de 63 años de edad. ¿Sería esa la razón por la cual ninguno de los 20 nominados este año es negro? Es la segunda vez que esto ocurre desde 1998. En todo caso, recuerdan los comentaristas, la ausencia de diversidad en las premiaciones de Hollywood no es un tema nuevo, el hecho de que sean pocas mujeres y afroamericanos reconocidos y premiados hasta ahora, es un tema tan viejo como la Academia misma.

Ava Du bernay

Ava DuVernay, entrevistada por Amy Goodman en el noticiero electrónico Democracy Now, explica su opinión:

I think, folks see films, see history, see art, see life through their own lens. And when there’s a consensus that has to be made by a certain group, the consensus is most likely going to be through a specific lens. And unless there’s diversity amongst the people that are trying to come to the consensus, then, there will be a lack of diversity in what the consensus is

(La gente ve las películas, las historia, el arte, la vida a través de sus propios lentes. Y cuando un consenso debe ser alcanzado por determinado grupo, se utilizan los lentes del grupo en cuestión; y si no hay diversidad esto se reflejará)

Para la citada directora, el problema, más que el hecho de que su nombre no apareciera en la lista, es que Selma sea la única película en la competencia con presencia de afroamericanos, o de cualquier identidad racial y cultural distinta a la blanca. Su análisis apunta a develar los obstáculos estructurales que permiten la reproducción de la desigualdad y de la inequidad en términos étnicos y raciales.

Según las voces más críticas las cifras únicamente reflejan el problema de fondo. Angela Davis, académica y activista negra, hace la pregunta que pocos retoman: qué tipo de relaciones interculturales e interraciales quiere y acepta ver la sociedad estadounidense. Añadimos: ¿Qué tipo de identidades marginadas premia Hollywood? ¿Por qué la Academia parece abrazar con menos dificultad la trama de los esclavos victimizados durante la colonia que la rebelión ‒sea esta pacífica, como la encabezada por Luther King Junior o violenta como la de los Black Panthers‒ frente al vasallaje y la discriminación contemporáneos?

AyJad-aDrim

Incluso la inserción de los afroamericanos en la política oficial y en los circuitos del consumo cultural estadounidense es uno de los resultados del movimiento negro en sus distintas versiones. Hollywood ha apuntalado y difundido la idea de la diversidad cultural aceptada, de una negritud permitida; ha incluido y premiado algunos aspectos de la diferencia mientras oculta otros. ¿Nominar a Ava DuVernay como mejor directora hubiera implicado la ampliación de este acuerdo social implícito ‒que en su momento representó un avance y hoy parece un límite arbitrario‒ hubiera llevado a la aceptación ‒y quizá luego, a la normalización‒ de algunas identidades rebeldes? Por ejemplo, la de las mujeres negras depositarias de las genealogías de lucha de sus comunidades; o la de los activistas por los derechos civiles de la década del 60 del siglo pasado. Lo cierto es que la sola presencia del largometraje Selma, y de su directora en el certamen, ha abierto el debate sobre qué tan insurrectas pueden ser las identidades diferentes a la hegemónica en una sociedad profundamente racializada, y sobre qué límites exactamente es posible transgredir, o al menos desestabilizar, desde Hollywood.

El cine, a pesar de vivir atrapado, como escribió el historiador Roman Gubern, en el rígido armazón de los intereses industriales y comerciales, también es (o puede ser) arte, instrumento de conocimiento, documento histórico y vehículo de transformación social. La polémica desatada en torno Selma y a Ava DuVernay es, en el fondo, una discusión acerca de la importancia política de la diferencia, de cómo los grupos sociales otorgan otros sentidos a su trayectoria histórica y hacen suyo el mundo al representarlo.

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