Droga, honestidá y rocanrol

Pero ¿quién puede recordar realmente el dolor? Es imposible; sólo tienes miedo de que vuelva

La ropa que vestimos: 268

Vestir de negro y pensar que los demás veían en su mirada un dolor inconsolable le daba seguridad

La soledad de los números primos: 67

En torno a las drogas y el rock hay una suerte de lugar común según el cual uno y otras son casi sinónimos. De un pasón se han ido más de tres que hoy serían venerables septuagenarios: Hendrix en barbitúricos y alcohol, por heroína Joplin y Vicious, Morrison por no distinguir unas de otras, Rockdrigo en cemento, etcétera. Existe, asimismo, una serie larga de canciones tejidas en torno, desde Cocaine de Clapton hasta FZ-10 del Tri, pasando por No sientas pena de Zenith-Nadir o Tiraré, de las Flans; que si no son lo más rockero que el país haya dado (no como la Guzmán, pues) al menos comparten con ella y los anteriores el deseo de advertirnos sobre las consecuencias del consumo… y un tono inverosímil que ni las recomendaciones de Lora para drogarse sanamente [?!] compensan:

… y si lo que quieres es alucinar / de otras mil formas puedes viajar: / mejor súbete a otro avión / peyotazo o champiñón, / toma chela o date un son / pero deja el resistol …

El problema es entonces (desde mi perspectiva) que se aborda el asunto desde afuera; que ninguna de estas voces está en primera persona, es, ni procura parecer la de un adicto; que el uso de drogas se canta como un asunto de administración del tiempo libre en relación con las sustancias (una perspectiva de consumo) y jamás desde aquello que cree, siente o querría hacer al respecto el individuo cuyo hacer se narra (o cuestiona), sea éste un yo-lírico o un testigo; esto es, desde una perspectiva de adicción…

Y es lógico: la fiesta vende y con un poco de voluntad debe poder controlarse (o eso parece pensar muchísima gente) mientras un adicto es en cambio una persona incómoda de presentar pues claramente ya no se divierte y lo que pueda o no decirse de él/la requiere más esfuerzo que el de las Flans para enunciar el deseo mutuo:

Quiere que tome para estimularme y a mí me basta con sólo mirarle

 

El primer disco de Eurídice parece, entonces, una excepción.

Entrevistados en Altos decibeles , en el minuto 3:35 su guitarrista, Rodrigo de la Mora, dice que en las letras abordan “problemas cotidianos como las adicciones” y el gesto, por simple, hace ineludible el asunto: todos los días hay quien, sin divertirse, consume drogas y su dolor y la ambigüedad de su pensamiento en torno a ellas se puede cantar sin que pierda el filo siempre que la claridad del decir prive sobre el deseo de hacerlo bonito para crear poemas tan metafóricos que sólo al mirar los videos se entera uno que iban de drogas (o de que eso entendió quien los dirige). Luego, sin explicaciones pero sin lugar a dudas; sin conseciones a la buena moral pero sin idealizar la situación inicial: quien se droga lidia [?!] con sus emociones, las letras de Eurídice muestran, en cambio, lo que sus personajes sienten:

Mucho más lejos esta vez, llévame. / Del hastío de estar aquí, sálvame. / De la herida del amor, cúrame. / De la chinga del dolor, auxíliame [...] ¿Porque me dejas aquí? ¡Sálvame! / De la angustia del bajón, líbrame…

y a partir de ese honestar su yo-lírico tejen una poética en que lo abstracto de las situaciones ‒o mejor, mucho más claramente: lo breve de las imágenes‒ lleva al escucha directo a lugares oscuros que ninguno querría visitar otra vez:

En el horror de la noche / el aire de tu ausencia / me despierta; / a mi lado un nuevo cuerpo / que duerme en la inocencia. / En el horror de la noche / mi corazón delira / ¿estarás también con otro, / lastimada en la rutina?

Luego, porque la mejor lírica contraviene toda explicación y apuesta por la violencia del rayo, las menciones de lugares concretos no son elementos de una anécdota específica ‒pues cualquiera que ésta fuera no podría ser reconstruida‒ sino como un marco de referencia/obsesión para quienes rozábamos los 20 cuando tiraron el Muro… Berlín 1989, no Gran Bretaña 82:

La última vez que te vi ibas entre zares y mendigos, / te acercaste y susurraste / una palabra en mi oído. / La última vez que te vi ibas desbordada de visiones: / brillaba un aura en tu cabeza / y en tu rostro una certeza; / desapareciste / en medio de esa enorme plaza / ¡quiero regresar a casa, / perdido en Moscú!

¿Cómo sería vivir desbordado de visiones? ¿Alguien puede hacerlo? ¿Importa? En contraste con la historia amenazante y tópica que canta Mecano, Eurídice enuncia percepciones inmediatas sin filtrarlas moralmente y eso permite a cada escucha completar la historia como mejor se ajuste a lo que conoce (o no), justamente porque Areán y Sama generan enunciados opuestos (quizá complementarios) para experiencias tan similares como puedan serlo las de dos personas de una misma edad y origen… o no:

Te vi intentar andar sobre el mar, / rasgarte la piel, rogar como un fiel. / Hablar con las aves, gritarle a las calles, / ir por las ciudades, entre miles miserables. / Te vi desnudarte entre el humo y las llamas, / lamer las heridas, tocar las campanas. / Vi sobre tus ojos el sueño de un ciego, / las ruinas del alma y al mundo en su duelo. / El visionario, el visionario. / Lo vi caer, lo vi perder.

Tu alma viaja en la noche / entre la luz del mezcal / acechando, sobrenatural. / Tu momento no había llegado / el túnel te rechazó / y sin forma solo hay dolor. / Tu alma grita en el vacío / mil preguntas sin solución / esta consciencia, es una maldición / Zombi, un cuerpo has de habitar / Zombi, para poderla abrazar

Y la memoria se remonta entonces a cosas que ya cantaban al iniciar los 90, cuando la primera alineación, La muerte de Eurídice, teloneaba para Caifanes en Rockotitlán pero sobre todo ‒mucho más allá de las anécdotas que puedan contarse en entrevistas (auto)complacientes‒ a un extraño sentir de angustia mezclada con orgullo, de malestar y satisfacción por el dolor mismo siempre que éste y el miedo fueran clara señal de estar vivo y haber despertado del sueño mainstreem de los tempranos 80

Estoy dejándome asustar por tus aullidos: / nunca dejan de sonar en mis oídos. / Estoy dejándome llevar por mis sentidos, / que no dejan de mentir, estoy jodido. / Estoy dejando de sentir, estoy perdido. / Estoy dejando de sentir. / Estoy dejando escapar todos mis sueños. / Estoy dejándolos morir.

¿Se puede ofrecer alguna conclusión tras escuchar el disco? Sí; por ejemplo, que las etiquetas nunca serán guía suficiente: ¿Qué se “debe” asumir al leer una descripción de Eurídice como post-Punk y la Santa Sabina de Patricio como Oscura? ¿Qué las separa si ambos hashtags invocan la lírica del desencanto final del siglo XX? Lo hemos pensado mejor: ya casi nunca Nos queremos morir, y sin embargo, la desconfianza no se fue del todo y cuesta creer

Que el ratón te traerá una moneda. / Que vendrá el príncipe azul. / Que los reyes magos te llenan de regalos

Seguramente porque nos dejaron votar para, de inmediato, enseñarnos que de nada servía porque igual se caía el sistema. Ciertamente porque vimos al CEU hacerse PeRDeré y nos consta que todo lo que no resista a la covalidación se hará Imperio. Definitivamente porque más de un compa ya es diputado y superada la depre ochentera, emprendió alguna revolución (?!) sin importar que ésta fuera estEtiZada-estiLizadoNa, institucionalizada o democrática.

Que la nueva dictadura es nueva. / Que si votas sí se va a notar. / Que a Dios lo encuentras en sus iglesias. / Que con este presidente todo va a cambiar.

Al final, porque si ninguna substancia con que hayamos jugado fue una solución, hoy mirar sobre el hombro permite hacer planes inmediatos

Ahora es tiempo de cosechar los diseños de inocencia. / Sólo el beso del silencio puede curar mi soledad. / Y atreverme a incendiar las fotos de mi vida anterior.

… o plantearlos, al menos

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