La Diablo Swing Orchestra ¿no apto para METALEROS?

Diablo Swing Orchestra (DSO) es una banda de la que últimamente se habla mucho en los submundos del hard rock/metal y sus derivados. En México ha logrado formar una sólida base de fans gracias a sus tres presentaciones en vivo, la primera en 2010, la segunda –y más laureada– en 2012, la tercera en 2014 instalándose en el circuito comercial. Formada en el 2003 en Suecia, han lanzado tres álbumes: The Butcher’s Ballroom (2006), Sing Along Songs for the Damned & Delirious (2009) y Pandora’s Piñata (2012). Se les suele categorizar como avant-garde metal o metal experimental por el uso de elementos e instrumentos poco comunes en la ortodoxia del género.

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Como fan declarado de ciertos géneros siempre es complicado intentar una reseña sesuda. Si la banda o expresión musical cae dentro de tus gustos, del género que es de tu agrado, de tu zona de confort apreciativa, es común disfrazar tu simple “me gusta” con pretenciosidades cuasi científicas. Lo mismo sucede en el caso contrario. Si escribo sobre una banda que tenga elementos poperos, por ejemplo, y escribo como metalero religioso, de igual forma es fácil caer en el rodeo pretencioso anterior aunque en el fondo se trate más bien de un simple “no me gusta” (en estos casos como barato prejuicio). A los melómanos no siempre nos sale dividir al fan del crítico (y a los metaleros menos).

Pues bien, dicho lo anterior, y para continuar hablando de DSO, démosle un espacio a la sinceridad del fan: DSO me gusta pero me aburre después de 15 minutos. Ahora intentaré argumentar, apagando al fan en la medida de lo posible, esta opinión que parece contradictoria.

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Como mencioné arribe, DSO es categorizada como avant-garde metal. Esta categorización es correcta, pero tan incompleta como cualquier otra. El avant-garde metal engloba a las bandas y músicos que incorporan innovadores elementos en el heavy metal, que rompen las convenciones y paradigmas del género. Su enunciamiento es la experimentación, pero DSO va un poco más allá. Aunque sus tres discos mantienen la misma propuesta, los tres tienen sus propias características, especialmente el último. Su vanguardismo es un poco más dinámico que el de otras bandas que se asumen como avant-garde. En todo caso se podría decir que el avant-garde de DSO no es uno que se ha cristalizado. Pandora´s Piñata es la muestra y el momento en el que la cristalización se evita. En este sentido, el nombre del disco es atinado: el álbum es una piñata en la que han sabido meter dulces de muchos sabores distintos, cosa que no lograron en los dos discos pasados, cuyo vanguardismo se convirtió en su canon que se repetía a lo largo de las rolas.

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DSO es una banda experimental en ese sentido; juega con toda clase de instrumentos y sonidos, de géneros distintos. Incluyen en sus piezas musicales instrumentos convencionales del metal (guitarra distorsionada, bajo, batería) e instrumentos nada comunes en el mismo (violines, trombones, atabales, trompetas, flautas, clarinetes). El resultado es un sonido heavy metal-swing-neoclásico, donde el swing es el que resalta, tanto que no sé si DSO hace un swing metalizado o un metal swingeado. O ninguno de los dos y simplemente hace un swing con una guitarra distorsionada que en muchas ocasiones toma un rol tan secundario que parece que sólo está ahí como pretexto para seguir llamándolo “metal”. Si uno se distrae, pudiera bien confundirse y pensar que la lista de reproducción se ha vuelto loca y ahora suena Benny Goodman… Pero hay que ser justos: en muchas otras ocasiones DSO lo logra muy bien. Van y vienen del swing clásico a los riffs agresivos y bien ponchados. Esto lo logran especialmente en Pandora’s Piñata. Como ejemplo puedo mencionar Black Box Messiah, Exit Strategy of a Wrecking Ball y Kevlar Sweethearts, piezas en las que la mezcla de elementos aparece de manera inconfundible.

Las voces son otra cosa especial. Quien lleva la batuta en la voz es Annlouice Loegdlund, una soprano graduada de la Ópera House de Suecia. Annlouice comparte micrófono con Daniel Hakansson, que se encarga de darle a las voces de DSO su componente más rockero y metalero. Cuando DSO logra efectivamente esta mezcla de ópera, swing, rock y metal, en voces e instrumentos, el efecto es más que interesante: es aire fresco, sobre todo para un género al que le urge una renovación si lo que quiere es seguir siendo socialmente pertinente.

Hay que aplaudirle a DSO este esfuerzo. En lo que es quizás el género más conservador de la música popular, el más aguerrido en sus paradigmas, siempre hay que reconocer al que se atreve a salirse del cuadrito. Puede gustar o no, pero las innovaciones están allí. Y hasta ahora han sabido donde frenar estas innovaciones para mantenerlas al alcance de un público más diverso que pueda entender su propuesta. Porque técnica y creativamente todos los integrantes muestran un nivel importante, y podrían sin problemas transformar a la banda en una máquina de notas, caer en lo que se le suele recriminar al metal progresivo y al avant-garde mismo: abuso de virtuosismo y “novedad” que vuelve a la pieza una manifestación (aburridísima) del ego más de sonidos para compartir.

DSO ha mantenido su sonido dentro de la asequibilidad apreciativa. De allí la diversidad de sus fans: metaleros, rockeros, seguidores del gótico y del dark cabaret y un largo etcétera. Su música la han mantenido en estos límites donde han encontrado muy buena respuesta de un público variado.

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Camus escribió en El mito de Sísifo que los artistas que conocen sus límites poseen la facilidad de los maestros. DSO conoce no sus límites como artistas, sino el lugar donde se sienten cómodos. Y se nota. Esto es probablemente producto de los años. DSO, aunque apenas comienza a ser una banda reconocida, lleva 12 años de carrera. Los lugares sólo se vuelven cómodos con el paso del tiempo… aunque a veces lo sean demasiado. DSO enfrentará un importante desafío en sus futuras producciones, mismo que toda banda que se asume como experimental enfrenta: ¿hasta dónde llega la experimentación? El peligro es repetirse, que la experimentación se fije como paradigma, cosa que me parece les pasó en los dos primeros álbumes. Pandora’s Piñata logró romper heroicamente esa inercia, pero ¿podrá volver a hacerlo? Se ponen demasiado alta la vara (sin albur), y si la idea es seguir con lo experimental tendrán que renovarse otra vez y puede ser complicado. ¿Ópera ska-metal? ¿Lounge metal?… ¿Cumbia metal norteño? La pregunta es hasta dónde les alcanzará para seguir con la filosofía de la experimentación (antes de aceptar repetirse) y hasta dónde su público los va a seguir (ojalá podamos ver esa cumbia metal norteña algún día).

Ahora lo menos importante. ¿Por qué me aburre? En algunos momentos me parece que la pretenciosidad va demasiado lejos. Letras en latín, italiano, recursos técnicos, instrumentos de todo tipo, ópera… De repente es demasiado perfecto: no hay nada más que hacerle a una rola de DSO; no hay espacio para el error. Siempre me han dado desconfianza los perfeccionistas. Me asustan un poco. DSO es una de esas bandas que tocan “como debe ser” , y siempre he sentido recelo ante el deber ser. Ojalá los fans de DSO sepan apreciar a Lemmy en su imperfectabilidad, a las bandas que conviven con el “error”. También en el “no deber ser” hay cosas interesantes.

Otra cuestión que me incomoda. Echemos mano de una analogía. DSO es bueno, bueno como el tocino. Pero ¿qué pasa cuando el tocino se ha quemado? Ya no es tan agradable. Podemos seguir comiéndolo y quizás hasta lo disfrutemos con el simple recuerdo del tocino bien cocido, pero no es lo mismo. DSO es una tira de tocino que con cada mordida se va quemando. Tú sigues comiendo porque sabes que es bueno, aunque la verdad sea que sólo las primeras tres mordidas fueron especiales. DSO puede irse quemando. Toda empieza bien pero poco a poco parece que se coció demasiado rápido. La pretensión es elevada desde el inicio, y al inicio eso sorprende, pero a la mitad se vuelve costumbre.

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Siguiendo con las analogías culinarias. DSO es como un guacamole con demasiados ingredientes. El guacamole es buenísimo, pero hay que mantenerlo aguacatoso. Si le incluyo 50 ingredientes más, el guacamole ya no sabe, y yo quería guacamole. La experimentación de DSO con 50 ingredientes le quita el sabor. DSO es un tutti frutti demasiado tutti.

La cuestión aquí es, quizás, que como metaleros prístinos que somos nos hemos acostumbrado a los sabores tradicionales, naturales (no sólo en cuanto a ciertas bandas, sino en cuanto a otros géneros). Nuestros amigos gringos (yo entre ellos) nos dirían que las palomitas con extra mantequilla y salsa valentina dejan de saber a palomitas con extra mantequilla. Lo mismo la pizza con cátsup. Y es cierto, pero eso no significa que sea malo.

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En conclusión, si eres el metalero de chaleco parchado, estoperol, cara de malo, “sólo los ochentas rifan” y “Satanás es nuestro pastor”, esto definitivamente no llena los requisitos del estereotipo (quizás sí llene el de otro tipo de estereotipo). Si eres de los que son metaleros pero muchas otras cosas más, échale un vistazo. En ambos casos recomendaría a DSO de todas maneras… En fin, que las palomitas con extra mantequilla y salsa valentina están listas y en una de ésas hasta les agarro el gusto.

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