Embalsamar momentos

Estos momentos detenidos y capturados por el ojo del cazador son fragmentos de realidad, son un encuadre, un re encuadre, un re cuadro o re corte de un gran escenario. Es lo real que está a punto de perderse al mismo tiempo que se hace inmortal.

Es la relación entre la copia y la realidad, entre el recuerdo y la realidad, entre el recuerdo y la esperanza. Entre lo mortal, como “olvidable” y lo inmortal que permanece.

Como una selección de descarte, el fotógrafo decide ‒como el Todopoderoso‒ lo que entra en el cuadro y lo que sale en la foto: lo que se ve, a pesar de que todo lo demás esté presente, es sólo el fragmento.

A esta decisión unilateral de recortar la realidad, se une el hecho de que al ser humano le gusta ser protagonista de la historia. Con su continuo afán de permanecer, de perdurar, de ser “inmortal”, comienza dibujando animales en cuevas, recrea personajes en tela, reproduce bustos en mármol, describe historias en papel y congela instantes en fotografías. Registros a partir de los cuales podríamos hablar de una selección/colección del fragmento humano donde la humanidad está presente toda y a pesar de eso, no se ve: el cuerpo humano protagoniza lo atemporal, el instante eterno; tenemos entonces cuerpos sin tiempo, cuerpos eternos, cuerpos sin espacio, sin nombre, sin relación, sin contexto. Tenemos imágenes fotográficas de famosos desconocidos.

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La primera imagen que muestra a a un ser humano atrapado por la “cámara” o caja oscura, como se llamaba entonces, está considerada como una de las cien imágenes más relevantes de la historia; por un lado por haber hecho esta tan significativa “captura”; por otro por ser el primer Daguerrotipo grabado en una placa de cobre.

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Partiendo de la presencia humana en ellas, llegamos a la toma de imágenes para crear historias, para unir desconocidos con algún parámetro medible por nosotros mismos, humanos.

El fotoperiodismo, así llamado desde mediados del siglo XX, busca esta relación; y aunque el principio fotográfico permance implícito (se aisla el fragmento de un escenario mayor), las historias se van haciendo más cerradas porque se busca el registro de un momento “importante” para la humanidad.

Una excelente muestra de ello es el trabajo de Henri Cartier-Bresson. Miembro de una familia con recursos y educación artística en literatura y pintura, vivió, desde su nacimiento en 1908, la transformación económica, industrial y social del siglo pasado. Es considerado por algunos padre del fotoperiodismo: durante una expedición a África para cazar antílopes empezó a fotografiarlos y la fotografía se volvió su mejor manera de relatar los cambios y movimientos que el mundo vivía. Años después explicaba que sus dos pasiones eran igualmente “cazar”: “es como ser un cazador vegetariano: cazo antílopes y no me los como, cazo imágenes y no las imprimo”.

Habrá que suponer, entonces, que el término Fotoperiodismo pudo surgir porque en ese momento todo lo que no fuera pintura era un viaje narrativo, una noticia sobre la realidad.

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Cartier-Bresson siempre dejó claro que no estaba de acuerdo en modificar las imágenes, ni al iluminarlas ni editándolas, que todas las modificaciones debían hacerse mientras se creaba la imagen, y ello nos habla ‒me parece‒ de este deseo de mantener la realidad intocable, de inmortalizar un instante sin modificarlo ni meter una opinión externa al juicio cazador.

El buen fotógrafo es el que sabe escoger sin quitar nada, dicen algunos.

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El fotoperiodismo comienza, pues, como oficio y gracias a él, después toma un nuevo rumbo para relacionarse más con una mirada artística de las fotografías. Esto hace que se retome el concepto de lo impersonal, incógnito y atemporal en que se basó el inicio de la fotografía. Si bien se puede identificar a alguno de los personajes, ese no es el punto más importante que el autor en cuestión persigue, sino que va tras la (des)composición de la escena total para que la imagen hable por sí misma.

La trayectoria de Cartier-Bresson como fotógrafo es una clara muestra de esta transición en la historia de la fotografía, y podemos constatarlo gracias a que la primera retrospectiva del artista desde su muerte, en 2004, estará expuesta en el Palacio de Bellas Artes hasta el (ya muy) próximo 17 de mayo.

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Incluye todas las etapas del fotógrafo, desde sus clases de pintura hasta algunas de sus producciones cinematográficas, pasando obviamente por toda la gama de fotografías que su vida le permitió: colonias en África, la Guerra Civil Española y la Segunda Mundial, condiciones de la sociedad desde su postura política con bases comunistas, el surrealismo como elemento liberador, momentos claves de la historia del siglo XX como el funeral de Mahatma Gandhi, retratos de personajes importantes o famosos y otros temas de vida cotidiana en los distintos lugares que visitó.

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Es un clásico de la historia de la fotografía y de gran narrador de la historia de un siglo completo; habrá que agendarlo pronto pues la exposición se retira en un mes.

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