Maybe I’m Amazed: 45 años del McCartney

Paul McCartney en muchos sentidos encarna al gandalla “workaholic” del rock, algo que más temprano que tarde se te retacha. Lo que algunos suponen llenar con la genialidad, Paul lo suple con el trabajo desaforado y perfeccionista. Si el genio enloquecido del líder de los Beach Boys, Brian Wilson, innovaba con el uso de arreglos complejos, de mezclas audaces, del uso de instrumentos desconocidos en el rock hasta entonces, con el disco Pet sounds (1966), McCartney buscaba responder inmediatamente con la elaboración del proyecto Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967), en el que involucraba más instrumentos inusuales hasta entonces en el rock, con la búsqueda de una unidad temática, musical y visual para el disco (algo inédito en la música pop), con arreglos y mezclas más y más elaboradas, en donde nada se dejaba al azar. Prueba de esto es que McCartney compuso más de la mitad de las canciones, y fue el único beatle que estuvo todo el tiempo en la producción y mezcla del álbum.

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El ascenso de McCartney como líder musical y en las decisiones de la carrera del cuarteto se acentuaría con la muerte de Brian Epstein, ocurrida en agosto de 1967. Paul, en un ambiente dominado por el caos, emergió como una especie de cabecilla gánster, quien llamaba a cada uno de los integrantes de la banda para asignar fechas de grabación, quien imponía sencillos por encima del resto, y diseñaba proyectos a nombre de todos, como la película The Magical Mystery Tour, asimismo bautizando su compañía Apple Corps. Hacia las últimas patadas del lucrativo ahogado llamado The Beatles, McCartney se encontró en el escenario del apestado, en franca pelea con el resto de la banda, en mucho por Allen Klein, ex mánager de los Rolling Stones y que impusieron Lennon, Harrison y Starr para dirigir Apple. Por otro lado, John, en franca luna de miel con Yoko Ono, había declarado al resto su intención de “divorciarse” de los Beatles. Con este panorama Paul huye de Londres, y se refugia con su mujer Linda, con su hija Mary y su hijastra Heather, en la granja de Campbeltown, Escocia. En este alejado y solitario lugar, McCartney, ante la inminencia de la separación de la banda, los problemas legales con Allen Klein, y su profundo enfrentamiento con Lennon, sufre de una aguda depresión que deriva poco a poco en alcoholismo. Linda McCartney describiría estas semanas (septiembre a noviembre de 1969) como uno de los momentos más difíciles de su vida. Sin embargo, la misma Linda encausaría de nuevo el espíritu de Paul para seguir componiendo y grabar lo que pronto se convertiría en un disco.

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Hacia finales de diciembre de 1969, Paul estaba de regreso en Londres y dispuesto a iniciar la grabación de su primer disco como solista, convencido de que cada vez más lo aislaban de las decisiones sobre Apple Corps., en donde reinaba a placer Allen Klein. La grabación de las canciones se realiza en primera instancia en su casa, ubicada en Cavendish Avenue, y realizada en un magnetófono de cuatro pistas Studer, es decir, en esencia una grabadora y un micrófono. Estas grabaciones fueron mezcladas en el estudio Morgan y posteriormente en Abbey Road, el disco ya titulado McCartney, estaba listo para salir al mercado en abril de 1970, pero los otros Beatles, junto a Allen Klein, que efectivamente tomaban las decisiones de la compañía a discreción, mandaron un mensaje a Paul de que Apple publicaría su disco después de la salida al mercado de Let it be, último disco oficial del cuarteto, lo cual ocurriría el 28 de abril. Paul se negó a ello, y se aferró a que la salida de su disco fuera el 17 de abril de 1970, lo cual ocurrió.

McCartney es muestra indudable de una persona en conflicto y en proceso de sanación, canciones que transmiten la soledad, el aislamiento de un hombre y su apuesta por el amor como medio de curación. Se trata de 13 canciones, todas compuestas, cantadas y tocadas en cada instrumento por Paul, en todas ellas se percibe la emotividad del momento, casi un disco interpretado en vivo, en la que producción es mínima y en donde se busca transmitir la emoción pura.

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La mitad de las canciones son instrumentales y vagan entre la balada rock (Maybe I´m amazed), la interpretación acústica (Junk), el rock clásico (Momma Miss America) y una pieza experimental de percusiones (Kreen-Akrore), canciones que no conforman una unidad, ni temática ni musical, sino que cada una de ellas forman un propio universo. Lo único que busca nuclear este disco es la emoción, desde la primera rola The Lovely Linda, que pareciera un corte incompleto sin finalizar, pero que comulga perfectamente con la espontaneidad, el regreso a lo básico en la interpretación, que buscaba Paul en este álbum. En tracks como la reflexiva Every night o en la amorosa Maybe I´m Amazed, McCartney reconoce que Linda es parte esencial de su salud, de su proceso de curación.

La crítica del momento hizo pedazos el disco, con y sin argumentos, quizá los comentarios más atinados hacían alusión a un disco simple y sin pretensiones (algo que no comulgaba con el beatle perfeccionista y “workaholic” que todos veían). El rebote de los que desesperadamente se ocultan en el trabajo no es no tener trabajo sino verse aislado, pese a toda la labor realizada. Paul vivió este rebote y su reacción musical fue dejar de hacer canciones que buscaban la perfección, los arreglos más complicados, es decir, lo que todos esperaban de él, y regresar a las bases en solitario, tocando cada uno de los instrumentos en el disco, imprimiendo un sello personalísimo, biográfico y conmovedor. La crítica del momento, que afanosamente buscaba en el primer disco de Paul una obra maestra de un obseso en el trabajo musical, evidentemente saldría decepcionada y pediría casi casi su cabeza.

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A 45 años, y con el contexto de esos momentos turbios, podemos decir que este álbum es un relicario de canciones absolutamente personales, canciones grabadas de una forma primitiva, pero auténtica, una manera de regresar a hacer canciones sin trucos en la consola, sin arreglos ni pomposas producciones, sólo con la emoción a flor de piel. Sin embargo, para aquellos gustosos de las grandes producciones musicales, estilo Sargento Pimienta, Paul les daría gusto 3 años después con su célebre disco Band on the run. En mi caso, aún prefiero los discos en que sólo eres tú y el cosmos.

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