Surcos y redes. Conversación sobre (y con) intelectuales indígenas en México

En las últimas tres décadas voces indígenas comenzaron a abrirse espacio en los escenarios académicos, como la del pensador mixe Floriberto Díaz, que aportó abundantes reflexiones en torno a la comunalidad o Adelfo Regino Montes, quien es más bien un intelectual orgánico. Ya en el presente siglo, los académicos indígenas que reivindican tal lugar de enunciación son muchos más y comienzan a agruparse impulsando una reflexión conjunta en torno a la importancia de su presencia en la discusión científica nacional.

En este marco nace la Red Interdisciplinaria de Investigadores de los Pueblos Indios de México (RIIPIM AC), integrada por miembros de distintas comunidades indígenas del país que realizaron estudios de posgrado en instituciones nacionales y extranjeras. Entre quienes la conforman se encuentran María Feliz Quezada, Alicia Lemus Jiménez, Carmen Osorio Hernández, Celerio Felipe Cruz, Elías Pérez Pérez, Genner Llanes Ortiz, Georgina Méndez, Judith Bautista, Leticia Aparicio Soriano, Melquisedec González, Anaximandro Gómez Velazco, Irma Manuel Rosas, Cristina Pech Puc, María Elena Ruiz Ruiz, Miriam Rubí Gamboa, Rosario Ramírez Santiago, Serafina Gallardo, Sócrates Vázquez, Zósimo Ortega y Víctor Mendoza García.

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La RIIPIM busca trastocar las formas en que se ha concebido la academia formal y menoscabado los conocimientos indígenas, y dedica el primer número de la revista Surcos del pensamiento, órgano de difusión de la red, a reflexionar en torno a las experiencias cotidianas, marcadas por la adscripción étnica, de los profesionistas indígenas. Pretenden también mantener un diálogo filosófico con sus comunidades de origen.

¿Qué añade esta perspectiva a la discusión de temas que son vertebrales para el pensamiento social como la alteridad y la diferencia cultural? En otros países latinoamericanos, Bolivia, Ecuador y Guatemala, los intelectuales indígenas tienen una presencia más fuerte; no abordan únicamente temas como las demandas colectivas de la tierra, los derechos étnicos, o la conservación de la biodiversidad que marcan de forma directa la cotidianidad de sus comunidades, sino que también cuestionan el gran proyecto de la modernidad desde perspectivas epistemológicas no occidentales.

Ixkic6Acerca de las prácticas intelectuales indígenas en nuestro país, Genner Llanes Ortiz, antropólogo maya yucateco e integrante de la RIIPIM, explica cosas en la siguiente conversación, que transcribo:

Genner: Los primeros intelectuales mexicanos indígenas, como tales, comienzan a surgir en los años 80, tal vez en Oaxaca, en la sierra Mixe. Esta intelectualidad no es políticamente tan influyente como la de Guatemala o la de Bolivia pero claro que existe, aunque en nuestro país los antropólogos y los mestizos han hablado “por” los indígenas, al grado que el vocero más importante de la rebelión indígena del siglo XX y XXI (la zapatista) sigue siendo un mestizo: Marcos o Galeano, como se le quiera llamar. Creo que hay una intelectualidad indígena muy activa pero muy dispersa, poco articulada.

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Ixkic: Otros nombres se suman a los ya mencionados: Mardonio Carballo, náhuatl, autor de la columna Las plumas de la serpiente, del noticiero que la periodista Carmen Aristegui conducía hasta hace poco en la radio comercial; Francisco López Bárcenas, destacado pensador del derecho indígena, Marta Sánchez Néstor, activista amuzga de Oaxaca, quien ha escrito sobre cuestiones de género partiendo de experiencias organizativas culturalmente marcadas, Marcos Matías, antropólogo y político, José Natividad Ic Xec, profesor y periodista independiente maya, de Yucatán.

Genner: La gran diferencia entre México y países como Bolivia, Guatemala o Ecuador es el tipo de relación que el Estado ha establecido con las comunidades indígenas, y la forma en que éste ha logrado apropiarse discursivamente de las culturas indias y de sus protagonistas históricos desde la época colonial pero, específicame, a partir del período post revolucionario mediante una política de integración y asimilación. Me parece, sin conocer a fondo los casos de esos países, que los campos estaban más claramente definidos, y al estar confrontados (los indígenas) con una presión tan burda, y con una idea tan poco sofisticada, como la que tenían las élites guatemalteca y boliviana, de la construcción del Estado nación resulta más “sencillo” decir: esto es claramente racista. ¿Pero cómo denuncias el racismo del Estado mexicano que celebra el pasado indígena en los murales de Diego Rivera y Frida Kahlo y al mismo tiempo se apropia de esta herencia? ¿Que reparte becas, financia la publicación de obras en lenguas indígenas, y al mismo tiempo permite y premia las ridículas representaciones de la India María? Quizá el racismo mexicano es más sofisticado que el guatemalteco, que el boliviano, que el ecuatoriano o que el peruano. Claro, esto no quiere decir que las barreras de unos y otros sean fáciles de desmontar. La hipótesis es que cuando tienes campos tan bien dibujados es mucho más fácil para la intelectualidad encontrar puntos de cohesión.

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Ixkic: Lo indígena, en el discurso académico mexicano posterior a la revolución de 1910 era considerado glorioso en el pasado; y en el presente, aunque redimible, un obstáculo para la modernización. El indio fue el sujeto de la nacionalidad, que debía ser transformado por al educación y por la mezcla racial.

Genner: En las décadas de los 60 y de los 70, se va reconfigurando cierto sector indígena, digamos que se intelectualiza y se va insertando en instituciones del Estado. Los maestros indígenas son el mejor ejemplo. Existe, en muchos casos, una relación de cercanía ponzoñosa, simbiótica y muy problemática con el Estado; que administra las becas, los cargos, las posiciones y que actúa de manera ambivalente.

Ixkic: Abre estrechos espacios en sus instituciones en los que permite, y a la vez controla, la expresión. ¿Cómo se coloca la RIIPIM frente a esta historia?

Genner: La Red reconoce en su genealogía agrupaciones como la Organización Independiente Totonaca, la Organización de los Seis Pueblos del Alto Balsas de Guerrero, y muchas otras que han producido intelectuales indígenas durante sus luchas, aunque su producción literaria o académica sea marginal o incluso nula.

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Ixkic: RIIPIM Se formó en el 2006, después de muchas discusiones sobre cómo y para qué organizarse. Los unificaba el hecho de ser profesionistas indígenas de alto nivel.

Genner: Pensábamos que ser indígenas tendría que unificar nuestra visión. Pero éramos hñä hñüs, mayas, mayos, purépechas, pames, tzeltales, rarámuris, yaquis, tepehuanos, chatinos, chinantecos, choles, mixes, mixtecos, nahuas, popolucas, totonacos, triquis, tzotzil, zapotecos: teníamos historias diferentes. Los procesos sociales que nos convirtieron en indígenas fueron distintos en Oaxaca, en Yucatán o en Jalisco. Nos movían distintas causas, eran diversos los proyectos que nuestras comunidades requerían. Además, no estábamos formados en la misma disciplina. Los antropólogos entendíamos por “desarrollo endógeno” o por “desarrollo sustentable” algo diferente a lo que pensaban los ingenieros agrónomos. Teníamos discusiones álgidas sobre temas como el derecho indígena o sobre la “comunalidad”, que se asume como algo “muy indígena” pero que en Yucatán, de donde yo vengo, no existe de la misma forma que en Oaxaca. No tenemos, pues, el mismo modo de ser indígenas. ¿Cómo hacer una organización nacional? ¿Cómo darle forma y sentido? ¿Cómo buscar integración recurriendo a una noción tan escurridiza como la de lo indígena?

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Los integrantes de la Red tampoco compartían expectativas: unos esperaban que ésta fuera un espacio para gestionar recursos económicos y operarlos; otros, que les permitiría incrementar su perfil profesional y obtener empleos en instituciones de influencia nacional; y unos terceros, que la Red sería un espacio de intercambio académico, intelectual y político. Los últimos resistieron la lenta retirada de los primeros y, a pesar de que actualmente no reciben financiamiento alguno ‒inicialmente contaron con el apoyo de la Fundación Ford‒ la Red cuenta más de treinta socios activos.

Entre las iniciativas más interesantes que RIIPIM ha impulsado en sus 9 años de altas y bajas se cuenta El otro bicentenario: voces indígenas de América Latina: un seminario organizado en conjunto con la UNAM con el objeto de hacer visibles los aportes indios a la historia nacional y generar una propuesta reflexiva y crítica, paralela a la oficialmente organizada en el 2010 con el pretexto del cumplimiento de los 200 años de la Independencia y de los 100 de la Revolución. La revista electrónica Surcos del Pensamiento, que construye puentes entre los conocimientos comunitarios y los académicos cuestionando la exclusividad de la ciencia occidental para la legitimación del saber, y cuyo segundo número está por salir. Y finalmente, la publicación ‒en colaboración con el seminario Descolonizar el feminismo‒ del libro Sentipensar el género. Perspectivas desde los pueblos originarios, coordinado por Carmen Osorio, Georgina Méndez, Juan López Intzin (integrantes de la Red) y Silvya Marcos, que se presenta como un ejercicio de apropiación del espacio académico partiendo de las experiencias de los y las intelectuales de los pueblos originarios.

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La Red en palabras de Judith Bautista, otra de sus integrantes, es una expresión de la influencia que los pueblos originarios tenemos en la producción del conocimiento. Desde los márgenes de la intelectualidad y de las instituciones, los académicas, los indígenas contribuyen a un deseable pluralismo cognitivo.

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