Cuauhtemoc Blanco delantero de CuernaBaca

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo.

Eduardo Galeano

Unos días antes de estas últimas elecciones escuchaba al vendedor de jugos y a la señora del puesto de periódicos discutir cuanto les darían tales o cuales partidos por su voto: la democracia es una gran ficción, pero además es una gran ficción mediática. Los medios indican quienes son los privilegiados para obtener la confianza del pueblo. Parece que vivimos en un mundo al revés, donde una estrella de cine puede volverse gobernador de California y un ícono del futbol es elegido como alcalde de Cuernavaca. Y si bien los triunfos en la pantalla no pertenecen a un ámbito relacionado con las capacidades de gobierno, los votantes han decidido poner su confianza en quien triunfa contra un “enemigo” en la cancha.

Pero ¿por qué una gran cantidad de electores prefieren confiar en un futbolista para que los gobierne en lugar de buscar a ese político bien preparado, honrado, que sirve al pueblo? La respuesta no es difícil: ese político ideal no existe. Confían en alguien que conocen a través de los medios y que es un ídolo popular. Tampoco es muy clara cuál es la diferencia entre la vida y lo que los medios nos informan que es. Muchas veces pareciera que lo que vivimos cotidianamente pierde peso frente a lo que vemos en la pantalla. Ya no sabemos cuál es la diferencia, porque la vida mediática plaga otros aspectos de la realidad. Nuestras necesidades personales y sociales, insatisfechas, son veladas en muchos casos por las imágenes, en una experiencia reducida al sentido de la vista y a la emotividad más rupestre, donde la reflexión o la intuición son elementos aislados.

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Pero la vida más allá de los medios reclama su lugar constantemente y entonces observamos que papá gobierno no ha hecho el trabajo para el que está contratado, aunque los espectaculares recen lo contrario. La sociedad mexicana espera una figura paternalista salvadora que solucione los conflictos mágicamente, quizá en quince minutos; que nos diga qué hacer y asuma la responsabilidad por nosotros. Muchas veces no sabemos exactamente qué hace mal el gobierno, pero sabemos que lo que está haciendo no funciona: para establecer un estado de paz y libertad crea guerras; criminaliza la pobreza y la protesta social; desaparece de manera forzada a personas que sí buscan un beneficio colectivo; venden las riquezas del país argumentando reformas necesarias; realizan intercambios económicos que no benefician sino a unos pocos; y para colmo los salarios no alcanzan desde hace ochenta años. Habrá que buscar a otro papá urgentemente: éste no sirve.

Si un futbolista exitoso no nos ha fallado metiendo goles, si es tan chingón en lo que hace, ¿por qué no podrá gobernar una ciudad? Por lo menos no necesita robar porque ya tiene dinero, como él mismo lo dice. No importa que en otros aspectos de su vida resulte ser un misógino golpeador de mujeres, como acusan algunas de sus cuatro exesposas, un hombre violento como lo constatan las notas periodísticas y los videos del youtube. La coherencia no es un requisito para ser electo. Tampoco importa su nivel de estudios o si se equivocó de partido pidiendo que votaran por el PRD en lugar de pedir que votaran por el PSD, en una ocasión durante la campaña; eso hasta le sumó puntos, porque en realidad a él no le importan los partidos, dicen algunos de sus simpatizantes. Los políticos estudiados, académicos, especialistas nos han decepcionado y han demostrado que un político puede ser corrupto sin importar su preparación escolar.

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Prometió alumbrado público, mejorar el transporte, tapar los baches de la ciudad de la eterna brincadera, y quien quita y también le retira el epíteto de cuernabalas. La visita de Blanco a las colonias populares y los mercados fue fundamental para su triunfo. “Soy como tú: vengo de abajo”, les dijo el tepiteño, y eso era más importante que las promesas, pues fortaleció el vínculo de confianza que no tienen los políticos de cuello blanco. Sin embargo, cuando dice el Cuauh que se los “chingó” (a los otros partidos), algunos opinan que quien logró una victoria sobre el  PRI y el PRD fue el pueblo, pues recibieron las despensas y los pagos por voto, pero al final votaron por el Cuauh; es decir, que cuando el pueblo quiere, puede ser bastante creativo para votar. Ojala que el inconsciente colectivo que llevo a muchos habitantes de Cuernavaca a votar de esta manera pudiera llevarnos a una participación más responsable de lo que creamos como colectividad, porque la democracia, si es que existe, no sólo depende del número de votos.

Epílogo

Sería absurdo pedirle que “pierda la vida luchando contra el narco”, como el mismo lo ha dicho. Pero sí será importante conocer la agenda política y cuál es la apertura del próximo gobierno para abrir espacios de comunicación con la ciudadanía y con una parte de la sociedad civil interesada en ser actores activos que aporten sus saberes desde el lugar que cada quien conoce para mejorar nuestra ciudad, sin importar por quién hayamos votado (o si no lo hicimos). Falta saber si en el mundo al revés habrá apertura para esta comunicación; afortunada o desafortunadamente pronto despejaremos la duda.

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