Lo que puedo concluir después de editar una columna sobre las elecciones

La premisa era bastante simple: estábamos a una semana de que iniciaran las campañas, los siete millones de spots políticos se habían anunciado como jinetes del Apocalipsis,  ya padecíamos los sinsabores de las precampañas y de los exorbitantes presupuestos asignados por el INE; al gorila mayor de NoFM se le ocurrió que si los tiempos de radio y televisión estaban invadidos por los partidos, nosotros deberíamos abrir los espacios a los electores, crear una columna diaria que recogiera la opinión de los ciudadanos. Ante las polarizadas posturas respecto de las elecciones, el título de la columna terminó siendo un simple y llano #NoVotarOVotar.

NoFM convocó a 35 personas para plantear sus argumentos, y yo me hice cargo de la columna. Después de invitaciones sin respuesta, de negativas hechas más de angustia que de rechazo, surgieron los primeros textos, y la iniciativa empezó a fluir y a tomar forma. De inicio, las reglas eran simples: textos de no más de dos cuartillas que expresaran una postura clara, a favor o en contra del voto. Ese “sí o no y por qué” era una sencilla pero traicionera regla en un México en el que los hilos finos vienen después de esas respuestas: sí, pero ¿por quién?; no, pero ¿y luego?

dedo

Si bien el propósito inicial de #NoVotarOVotar era servir de escaparate para la ciudadanía, como editora esperaba también generar un debate que sirviera, entre otras muchas cosas, para aclararme la mente sobre mi propia decisión. He de confesar que ese debate no surgió de manera tan orgánica como había anticipado. La plataforma resultó ser más un micrófono abierto que un diálogo entre colaboradores, no hubo una desbordada cantidad de respuestas, ni de interacción entre los textos. Muchas coincidencias y otros tantos desacuerdos, pero no un diálogo en sí.

Por lo anterior, creí necesario al menos intentar un análisis general de lo que publicamos, superar la reflexión personal y el relativismo que implica el “cada quien tiene su opinión” para trazar una línea transversal que muestre un panorama más amplio, nunca suficiente ni exhaustivo, pero que, tal vez, ayude a tomar una decisión en estas elecciones, o, mejor aún, detonar una serie de cuestionamientos continuos que eviten que, dentro de tres años, estemos ante esta misma situación.

Partidos (1)

Antes que comenzar cualquier esbozo de conclusión o análisis, cabe mencionar algunas consideraciones respecto de la naturaleza del ejercicio que fue #NoVotarOVotar. Sirva para curarme en salud decir que los treinta textos publicados hasta ahora ‒en los que me enfocaré‒ no son para nada un muestreo representativo. El grupo de colaboradores está conformado por 19 hombres y 11 mujeres, con edades que oscilan entre los 44 y los 23 años; 21 de ellos son oriundos de la Ciudad de México, aunque no todos viven ahí; la gran mayoría tienen, o están realizando, estudios superiores o posgrados; y, quizá, una distinción importante, son usuarios activos de Internet y de diferentes redes sociales. Menciono estas salvedades para no caer en la tentación de una generalización absurda, de creer que estos textos representan el pensar de la juventud mexicana. Sobra decir que las conclusiones que de aquí pueda obtener son un necesario cierre personal a un ejercicio que ocupó más de un mes de trabajo.

Una vez aclarados los puntos anteriores, señalo ciertos datos que llamaron mi atención.  Partiendo del título de la columna, el primer dato relevante es que de los 30 textos, diez pugnan abiertamente por no votar, once por sí votar, y nueve  sortean la dicotomía con el argumento de que las elecciones son lo de menos, las fallas están en la entraña misma del sistema. En este último grupo, las apuestas van hacia la participación ciudadana, movimientos sociales apartidistas que representen los verdaderos intereses de la sociedad; sin especificar si asistirán o no a las urnas, dejan claro que el cambio social no radica en el voto. En la totalidad de los textos se mencionan las fallas estructurales del sistema electoral mexicano, aunque no se escribe concretamente cuáles son esas fallas, ni hay evidencia clara de que los participantes conozcan a cabalidad cómo funciona la estructura de gobierno de nuestro país. Por ejemplo, sólo un texto distingue entre un diputado local y un diputado federal; ningún autor menciona que en 2015 se elegirán también regidores o presidentes municipales; ciertamente, ello se debe a la concentración de colaboradores habitantes del D. F., pero incluso hay escasa noticia de la elección de jefes delegacionales. La constante en todas las colaboraciones es la exigencia de un cambio de sistema (en el que se engloba como pares a partidos políticos, servidores públicos de todos los niveles, instituciones, órganos reguladores y candidatos), calificado de ineficaz y corrupto, adjetivo más utilizado a lo largo de todos los textos.

Calendario

En la totalidad de las colaboraciones está presente una escisión entre los pertenecientes al sistema y los ciudadanos. Como ejemplo de ello cabe señalar que la palabra “sistema” (siempre referido al grupo antes mencionado) se utiliza 39 veces en oposición a “representantes”, utilizada en el mismo sentido únicamente 7 veces. Sin embargo, los autores sí reconocen como sus pares a otras organizaciones políticas o formas de gobierno alternativas, entre las que se mencionan “Las abejas”, el EZLN o Cherán; aunque se habla más de la construcción de un nuevo sistema de gobierno acorde a las necesidades del pueblo mexicano.

Además de la falta de representatividad, otra falla fundamental señalada por los autores es la desconfianza. Las prácticas ilegales, a los ojos de los colaboradores, deslegitiman y vuelven ineficaz el sistema electoral. La compra de votos, la poca rendición de cuentas de partidos políticos e instituciones, el uso del “voto duro”, la violación a los derechos humanos, la desigualdad social, las crisis económicas, la violencia y los actos del crimen organizado son nombrados como parte sustancial de una forma de gobierno que la ciudadanía no puede cambiar, sino desaprobarla al no asistir a las urnas, o defenderse de ella votando en contra. En este sentido, las escasas referencias directas a los partidos políticos van en ese tamiz: o son absolutamente reprobados, o se presentan como lo menos peor o los enemigos menos fuertes. En el primer caso, los partidos con más referencias negativas son el PRI y el Partido Verde, seguidos de la llamada “Izquierda” (sin mención de partidos) y de Morena. Éste último es presentado como la opción del único autor que muestra su preferencia por un partido político.

Partidos

A la percepción de “ellos vs nosotros” predominante en los textos, hay que sumar la caracterización de los ciudadanos. Éstos son calificados de indefensos, desamparados, solos y, en menor medida, de apáticos. No obstante, los textos que llaman a votar consideran esta acción una protesta, lucha, derecho, resignación. Por otro lado, los que pugnan por no votar también nombran esta acción como derecho, obligación, lección para los partidos, y, sobre todo, la no legitimación de un gobierno con el que no están de acuerdo. Es fundamental precisar que en los textos del no votar, los autores no llaman abstencionismo a su postura: la palabra, de hecho, es mencionada únicamente 3 veces en las diez colaboraciones, mientras que “no votar” o “no voy a votar” es utilizada 14 veces, asumiendo la negación como una postura activa y no como inacción. En distinto sentido, los autores que no asumen ni el “sí” ni el “no” manifiestan que votar es una actividad insuficiente, incompleta e inocua si no se complementa con otro tipo de acciones sociales.

Finalmente, es importante señalar que a pesar de las posturas opuestas hay coincidencias entre los tres grupos. De hecho existe un reconocimiento de los argumentos entre unos y otros como legítimos y comprensibles, dos autores que optarán por no votar, sí fungirán como funcionarios de casilla, otro ha hecho campañas para un voto informado. Pese a que la convocatoria llamaba a escribir sobre las acciones concretas que tomarán el próximo 7 de junio, los autores se mueven en el terreno del deber ser, incluso hay un texto que habla del “mundo de lo ideal”. Dicho aspecto está vinculado con la relación que establecen los autores con las instituciones: se habla de fe, creencia, voto de confianza, y de la falta de esos mismos elementos gracias a hechos históricos (dos textos realizan revisiones de este tipo) o recientes que han sacudido a la sociedad mexicana. Destacan entre ellos, los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, el caso Tlatlaya y, en menor medida, el 6 de enero en Apatzingán y las mujeres desaparecidas del Estado de México. Contrapesos entre realidad y el mundo del “deber ser” que dejan a los autores con un sentido de insuficiencia, sea cual sea su decisión.

PintaAyotza

A manera de conclusión, y para no sentir que no he hecho más que descubrir el agua tibia, regresaré a dos puntos que mencioné al paso en un principio: primero, la aparente polarización de las opiniones entre votantes y abstencionistas; segundo, el hecho de que este ejercicio se haya realizado en un medio digital y con la participación de usuarios de Internet.

En primer lugar, después de repasar los textos, la polarización entre el sí y el no parece diluirse cuando observamos que el trasfondo es básicamente el mismo: el hartazgo. Ahora bien, el tema del abstencionismo no es para nada nuevo en los procesos electorales de nuestro país. Basta echar un ojo a las cifras ofrecidas por el IFE del porcentaje de electores que no han asistido a las urnas en los últimos años: 34.48% en 1991, 42.98% en 1997, 58.81% en 2003, 55.39% en 2009, si tomamos en cuenta sólo las elecciones intermedias, para darnos cuenta que México siempre se ha movido en una dicotomía a la que a veces le sale un tercer pie: el voto nulo ‒elemento que se echa ahora en el mismo costal del no voto‒. Surge entonces la pregunta: ¿de dónde sale ahora el encarnizado debate en torno a votar o no votar?

Estamos-hartos

Hasta donde puedo recordar ‒mi edad me alcanza para remitirme a dos elecciones intermedias y dos presidenciales‒, el órgano regulador era quien solía hacer campañas contra el abstencionismo, desde las llamadas para sacar la credencial, hasta rockeros y celebridades promoviendo el voto, pasando por el famosísimo “si no votas, cállate”. Pero nunca como ahora, ni siquiera después de la famosa alternancia, se había promovido el voto útil, se había satanizado el voto nulo como favorecedor al partido en el poder, ni se llamaba con tanta urgencia y resignación a votar por el ahora  famoso “menos peor”.

La evidente desconfianza en los partidos políticos, y en general en cualquier institución pública, tiene gran peso en lo anterior, sin duda, pero lo que me interesa ahora es reflexionar sobre las manifestaciones de esa desconfianza. En las últimas dos elecciones intermedias, más de la mitad de la población no pasó por las urnas, y no pasaron por las razones que gusten y manden, y estas razones se quedaron en la privacidad de su hogar, incluso, ni siquiera creo que hubiera que esgrimir razones, como tampoco había motivos para razonar quienes sí asistieron a votar. Cada quien dio su grito o su silencio en la comodidad de cuatro paredes, ya fueran las de la casilla o las de la casa.  La cuestión ahora es que no sólo es posible sino necesario hacer ese grito público, y se hace a través de la Red y sus redes.

votonulox

No voy a analizar aquí el fenómeno de las redes sociales ni la relevancia que tienen para las relaciones humanas en la actualidad, pero sí quiero llamar la atención sobre la cualidad que se les ha otorgado en la “formación” política de los ciudadanos. Entrecomillo porque considero que la formación o educación de cualquier tipo no está hecha únicamente de opiniones, que es lo que mayormente pulula en Internet. Y no, no hay nada de malo en emitir, leer, comentar, compartir, y el largo etcétera de opciones a la mano. Se trata, creo yo, de no seguir adelgazando la ya bastante anoréxica formación política de la sociedad mexicana.

Si la oferta partidista es nula, y lo único que ofrece a sus militantes o simpatizantes es asumirse como el menos peor ‒aunque no lo sea‒, si recordamos la retahíla de argumentos para desdeñar nuestra forma de gobierno y los procesos electorales, es natural que nos sintamos más y mejor escuchados en una red social que en una planilla. Sin embargo, la alternativa es engañosa si se ve a una como sustitución, por la simple razón de que se mueven en dimensiones distintas: la Red, por más benéfica que sea para la humanidad, sigue estando en un plano distinto que el mundo tridimensional en que nos movemos.

Querer equiparar la acción política con la movilización virtual, la formación con la información y, por supuesto, la desinformación disponible ‒que no siempre leída, reflexionada y /o asimilada‒ en Internet, es igual a seguir arando ese campo en que nuestras acciones no son suficientes. Si bien en este año México es el país que más crecimiento tuvo en usuarios de Internet, ésta sigue siendo una herramienta limitada, que debe seguir siendo considerada una herramienta, no el espacio de la decisión. Sobran los ejemplos de movimientos que empezaron por las redes y tienen ahora injerencia en políticas públicas de distintos países, pero es un paso que aún vemos lejano en el México tridimensional.

Twitter-y-urna

Equiparar, englobar, encasillar a la ligera lleva al sinsentido. Negar en bloque o apoyar porque es lo que hay, son opciones estériles. Como lo es también un llamado a la unidad nacional por medio de una Red que está disponible para menos de la mitad de la población, o descalificar otros medios de opinión que han salido a flote tras el fracaso innegable de órganos gubernamentales. Las preguntas entonces siguen, pero no en términos de asistir a votar o no, ni en términos del sistema y nosotros, ni de acción o inacción, ni de vieja escuela o nueva. La manoseada crisis de nuestro país es tan profunda que exige respuestas a cuestiones mucho más básicas: ¿qué?, ¿cómo?, y la que más nos exige como ciudadanos, ¿cuándo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>