Digo lo que amo, de Abigael Bohórquez

Hace algunos días, en el marco de una presentación de la colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana de Malpaís ediciones, me hicieron dos cuestionamientos: el primero discutía la pertinencia de publicar autores que quizá sólo son valiosos por un puñado de poemas, la segunda pregunta indagaba el porqué de la ausencia de Abigael Bohórquez (1936-1995) en esta colección. A lo primero respondí que hemos sido lectores perezosos, que nos mostraron una manera de leer la historia literaria nacional a partir de antologías, de manera vertical como cascada recibimos nombres y poemas debidamente expurgados y de ahí extraemos a nuestros escritores favoritos. De forma errónea, por ejemplo, creemos que los autores que integran antologías como Poesía en movimiento son lo más destacado de la poesía mexicana de la mitad del siglo XX. Habrá que entender que una lectura real de la literatura no es vertical, sino horizontal. En este mismo esfuerzo cité la presente edición de Digo lo que amo de Abigael Bohórquez, realizada por el poeta e investigador Gerardo Bustamante Bermúdez, quien realizó también la investigación y edición de Dramaturgia reunida, del escritor sonorense. De esta forma respondí la segunda pregunta, la obra de Abigael Bohórquez está en buenas manos.

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Digo lo que amo, publicado originalmente por Federación Editorial Mexicana, en la Colección Palabra Viva, 1976, continúa y profundiza en el amor y el deseo homoerótico que había tratado de forma contundente en los poemas “Crónica de Emmanuel” y “Finale”, incluidos en el libro Memoria en la Alta Milpa, también publicado por Federación Editorial Mexicana, en 1975. En el caso del poema “Finale” se establecen varias pautas que se explotarían de manera notable en Digo lo que amo.

…pero voy a partir,
acércate de nuevo,
búscame y estremécete,
desnúdate y traspásame,
gime y hazme gemir,
no me des tregua,
asuélame,
para bien, para mal, para cualquier suerte,
di palabras que no entienda, pero que necesito,
y en un estruendo líquido y profundo:
qué gana de morirnos en plenitud de buenos camaradas
que se han hecho el amor
como quien dijo: hágase la alegría,
y se hizo.

El poema en primera persona que se dirige a un destinatario, el uso de un lenguaje coloquial que se combina con neologismos, el albur, los juegos de palabras, el tono de carrilla, de relajo que permea en una entrega sexual morbosa, además de un guiño irónico, en este caso, al machismo predominante entre los camaradas militantes.

Digo lo que amo parte de estas pautas, lo cual es visible en poemas como “Primera ceremonia” y “Cuerpo del deleite”, pero además incorpora el uso formal de la lírica provenzal, por ejemplo, en el poema “Cargo”:

Dédesme hora un beso, fermosura;
erguídese broñido
con que me falaguedes;
aguijemos:
si dijeren digan, de vero vala,
que dormí
favorido
de so el niño garrido…

Abigael Bohórquez crea en Digo lo que amo un espacio sui generis en la poesía mexicana, en primer lugar construye una lírica homoerótica franca, sin cortapisas ni rodeos (sin olvidar, desde luego, la obra de Salvador Novo o Elías Nandino); en cuanto a la forma convoca diversos elementos como el pastiche, el humor, el neologismo, el albur, que nos pintan un autor que en aquellos años 70, junto a poetas más jóvenes como Max Rojas, Ricardo Castillo, José de Jesús Sampedro, Orlando Guillén, Jaime Reyes, José Vicente Anaya, y otros de mayor edad como Ramón Martínez Ocaranza, daba un carácter sedicioso a la tímida y pudorosa poesía nacional. La reedición de Digo lo que amo, en una edición perfectamente prologada y grata para la lectura, supone la valorización real de un autor que vivió al margen de la farándula literaria, pero que sigue influyendo en decenas de autores y lectores. La obra poética de Abigael Bohórquez dialoga perfectamente con obras sólidas de poetas canónicos de su generación como Gerardo Deniz, José Carlos Becerra y José Emilio Pacheco. Sin lugar a dudas, con el investigador Gerardo Bustamante Bermúdez la obra de Abigael Bohórquez está en buenas manos, y los fervientes lectores no estaremos lejos de ver la obra poética reunida del poeta sonorense, lo que sería un acto de justicia para una obra imprescindible.

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