¿Nacionalismo mexicano?

La idea de nación actualmente hace referencia a un grupo de personas que comparten rasgos culturales comunes, tales como el lenguaje o las tradiciones. México, un país con más de 110 millones de habitantes y cerca de 2 millones de kilómetros cuadrados de superficie celebró el 16 de septiembre el inicio de la gesta independentista, pero ¿cuáles son los cimientos del nacionalismo mexicano? ¿Acaso la nación mexicana goza de buena salud? ¿Son realmente los símbolos patrios los que aglutinan el sentimiento, o acaso existen otros elementos? Y finalmente, ¿cuál será el estado del Estado y la nación mexicana dentro de digamos, veinte años?

Sebas1

Existen dos grandes períodos de conformación de la identidad nacional. El primero se ubica en la segunda mitad del siglo XIX, cuando después de guerras intestinas, extranjeras, invasiones e imperios, la república juarista le abrió el camino al largo período comandado por Porfirio Díaz, quien entre otras cosas encomendó la tarea de forjar los elementos que sintetizaran aquello que era “ser mexicano”. Las raíces indígenas estaban presentes, pero como un pasado lejano, mientras que se exterminaban etnias en el noroeste del país. México se vendía como un próspero campo para la inversión capitalista y la industria extranjera, un país progresista. Fue en esta época en la que se editaron los cinco tomos del clásico México a través de los siglos, algo así como una afirmación de que la nación mexicana ha estado presente desde la antigüedad hasta finales del XIX, sin importar la aparición o desaparición de grupos humanos, un México atemporal.

Una vez terminada la Revolución, pasaron cerca de veinte años para que un poder político hegemónico lograra reimponerse en México. La transición del PNR al PRM y finalmente al PRI también implicó un robustecimiento en las bases ideológicas destinadas a crear un sentimiento nacionalista que, tal como afirma Benedict Anderson, es una creación artificial con fines políticos y económicos. La cooptación de los pilares sociales –campesino, obrero, popular y militar, aunque este último fue suprimido pronto– así como la reformulación del destino nacional a partir de la victoria, siempre tan discutible, de la revolución iniciada en 1910, fueron los sostenes del nacionalismo mexicano del siglo XX.

Sebas2

La nueva expresión nacionalista con su dirección estatal llegó prácticamente a todos los rincones nacionales vía las artes, la educación o el garrote. Con la asociación entre empresarios y políticos, el ideal priísta de nación mexicana se consolidó gracias al poder de la televisión y el futbol, sin una mayor crítica o resistencia. ¿Qué es lo que interpretará un tamaulipeco de la ultracentralista historia nacional? ¿El águila, representación antiquísima del dios nahua de la guerra, Huitzilopochtli, será significativo para los indígenas chontales o mayos? ¿Cuáles son los sostenes reales que mantienen el frágil equilibro mexicano, el “chichadios” o el maíz?

Ante las expresiones populares nacionalistas, me parece que más allá de los típicos símbolos patrios, el verdadero cemento que nos aglutina como país y nación está en acelerado proceso de descomposición. Dientes para afuera, nos identificamos como un pueblo cálido y solidario, pero interiormente somos una sociedad desesperada de dinero y justicia, que no se sorprende ante masacres y fraudes escandalosos. La atemporalidad patria que se gestó con Díaz se reformuló con el PRI, ahora como el país de la revolución victoriosa, pero en el día a día continuamos más como una sociedad colonial, con grupos encumbrados gracias a sus títulos nobiliarios y vínculos reales que deciden la vida y la muerte de una informe masa analfabeta y pauperizada hasta sus cimientos.

Sebas3

En lo personal, no creo en esta farsa nacionalista. No creo en la bandera, ni en los héroes que nos dieron patria, ni en el himno, ni en las instituciones. Creo en las personas y las comunidades que, aunque acorraladas y diezmadas, trabajan por un futuro sustentable. Creo en el poder del trabajo en equipo, en la educación y en los regionalismos, y sin querer sonar secesionista o antimexicano, no creo que como nación tengamos la capacidad real de seguir aguantando esta farsa que lleva más de doscientos años desmoronándose o forzándose. No seremos nosotros los que a corto plazo podamos decidir lo que sucederá con esto que llamamos México, pero la situación estructural es tan delicada que tampoco creo que exista una capacidad real de mantener con vida este país que lleva años luchando contra una enfermedad crónico degenerativa. Y eso también se expresa en el tibio y vacuo nacionalismo que se vive cada septiembre desde que tengo memoria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>