D de deficiente: un dizque diccionario de drogas

Zara Snapp, Diccionario de drogas, México, ediciones B, 2015: porque es profundamente irresponsable, el libro resulta insultante… Ok, ya lo dije: he destruido el misterio que podía envolver esta nota y si tú, amable lector/a, sigues leyendo será porque (como yo) asumes que estoy obligado a explicarme; lo hago, pues, no porque pueda convencerte de algo, sino porque el asunto y cuál sería una forma más útil de tratarlo me parecen muy importantes.

Zara Snapp

Escribir un diccionario sobre drogas es una salida fácil y, en esa medida, tramposa para un problema incómodo: supone una estructura fija que se repite (definición e historia de la sustancia + efectos + contraindicaciones) y eso le ha permitido a la autora fingir que es innecesario discutir algunas ideas centrales en su desarrollo argumental. Por ejemplo, que inyectarse codeína para sentir entumecimiento sea un uso recreativo de esta droga (Snapp 117). ¿Es posible que alguien halle diversión para alivio del trabajo en sentirse entumido? Lo es, por supuesto, cada quien sus deleites y alegrías; el problema está en que, llevadas por su propio desplante de supuesta tolerancia, editorial y autora asumen que los siguientes asertos son información suficiente para que alguien decida responsablemente y con libertad por qué quiere consumir o no drogas, cuáles, cuándo, cómo, para qué, con quiénes, dónde. Dice Snapp:

Como cualquier otro opiaceo, el uso crónico de la codeina puede generar dependencia (119-20)
¿A qué llamamos “uso crónico”: en fiestas, todos los días, o antes de comer y después de ir al baño?

Algunas personas usan morfina con fines recreativos (123)
Otros la usan con fines médicos pero decirlo así los hace supuestamente equiparables

Cuando los efectos desaparecen, muchos extrañan el sentido de ingravidez y el entumecimiento, lo que deviene en dependencia (123)
¿Otros, menos nostálgicos, no extrañan nada y siguen con su vida?
¿La narcodependencia/drogadicción consiste sencillamente en “extrañar sensaciones placenteras”?

intravenosa

En estudio comparativo entre morfina y heroína los usuarios dependientes no mostraron preferencia
¿”Usuario dependiente”? ¿es tan difícil decir adicto? Porque refuerza la negación del problema, lejos de ayudar a entenderlo, el eufemismo lo hace más grave porque sigue siendo excluyente: ¿por qué al (hipotético) “usuario recreacional” no se le estudia?

por lo que se sabe que el efecto es el mismo, sólo que la morfina se puede conseguir por prescripción médica y la heroína es ilegal (123)
No. No se consigue morfina por prescripción sin estar enfermo de cáncer terminal. Y un médico que escriba recetas para comprar/consumir “recreativamente” es un dealer con título universitario.

Si alguien con dependencia a la morfina decide dejarla los síntomas físicos duran de 7 a 10 días y para prevenir una recaída es necesario cambiar el comportamiento que generó el problema (125)
¿PROBLEMA? Creí que estábamos drogándonos de modo recreativo y que ello no suponía comportamiento-por-modificar alguno… ¿Se recae en las drogas como en una enfermedad?

con la heroína, la dosis recreativa estándar va de 5 a 20mg para un usuario nuevo mientras que uno asiduo puede requerir entre 200 y 300 al día, dependiendo de la pureza (129)
En 2010 un gramo de heroína costaba $3,260 USD por lo que el primer arponazo en la vida de alguien salía en $15 dólares si era muy barato y hasta en 65 si no.
Ese mismo año eran necesarios entre $650 y 980 USD para satisfacer las necesidades de un “usuario tan asiduo como pa’ meterse diario”, diría Snapp.
No conozco gente que gane $29,400 USD al mes, pero si existe, dudo que pueda conseguirlos de manera legal y/o pueda gastar su tiempo usando drogas como una forma de “diversión para alivio del trabajo”.

dinero y droga

Está además, y por supuesto, la doble moral del libro. En el texto con que “prologa” la obra, Fadanelli afirma que “las drogas forman parte esencial del universo humano y, por lo tanto, deberían ser objeto de nuestra comprensión y no de un rechazo irracional o acrítico” y creo que tiene razón: el rechazo debe documentarse en función de los efectos nocivos.

“Este libro de Zara Snapp ‒continúa Willy‒ cumple con la bondadosa tradición del diccionario genuino: nos acerca, vía la investigación y la sencillez, a un ámbito del saber que es comúnmente juzgado, mas no conocido”, y entonces es más arduo coincidir: los diccionarios genuinos (todos salvo el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce, supongo) no son investigaciones sino acuerdos entre sujetos cuya autoridad depende de su desempeño en el área, como los miembros de la Academia Mexicana de la Lengua; ergo, si Zara Snapp no es adicta, está hablando del consumo desde afuera; si Zara Snapp no es parte de los grupos de apoyo, se refiere la recuperación desde un cómodo manual; si Zara Snapp conoce el ámbito y por eso no lo juzga, lo que ofrece su diccionario es una experiencia, la suya, y ésta tiene al mismo tiempo un valor testimonial enorme y un nivel de frivolidad tan alto como el de las anécdotas que un estudiante cuenta sobre sus fiestas del finde un lunes por la mañana.

Diccionario diablo

“Siempre han existido sustancias que alteran, en menor o mayor grado, el comportamiento de las personas. Algunas son aceptadas por la sociedad; otras son estigmatizadas y se persigue su producción, venta y consumo”, concluye. Las políticas sobre uso y consumo de drogas deben revisarse a nivel mundial, sin duda, porque parte del problema está en que la ilegalidad del narcotráfico cancela cualquier posible control de calidad/seguridad para los consumidores (adictos o no). Y sin embargo, si se acepta este punto, el asunto no es de estigmatización social, como pretende el superficial prologuista, sino de salud pública y no debería discutirse, por tanto, en términos de gustos y opiniones personales que es donde más lamentablemente derrapa el texto. Ejemplos:

Hablando sobre inhalables tóxicos Snapp dice que “a diferencia de otras drogas, estas sustancias no han sido creadas para ser consumidas por los humanos, a diferencia de otras drogas, y de ahí su alto riesgo (61, la repetición es del original); preguntas: ¿en este libro que “cumple con la bondadosa tradición del diccionario genuino y nos acerca, vía la investigación y la sencillez, a un ámbito del saber que es comúnmente juzgado, mas no conocido” definiremos “droga” como “sustancia creada para consumo humano”? De hacerlo así ¿quién asumiremos que “creó para consumo humano” los hongos y la mariguana?

Solventes

y continúa: “Contraindicaciones: no hay razones por las cuales una persona deba usar inhalables” (67) ¿las hay para que deba usar cualquier otra sustancia? Y desde otra perspectiva ¿el precio no es una razón? ¿El derecho a drogarse es exclusivo de quien puede pagar sustancias de alta calidad que afecten de manera menor brutal su salud? ¿La autora pensó acaso en consumidores fuera de la clasemediaculta o sólo busca advertir a los diseñadores de universidades privadas que pegarse al UHU puede no ser sano? ¿Podrá un chavito que se monea en un parque de cualquier ciudad del país leer a tiempo tan atinado juicio y dejar el thinner al cobrar conciencia de que comete una sinrazón? … ¿de verdad, Zara, no hay razones para que la gente use inhalables?

Finalmente, y porque uno de los apartados que todas las fichas incluyen es una descripción (?!) de la sobredosis respectiva; pero sobre todo porque éstas muestran claramente lo asistemáticos que son la información y su tratamiento en el libro, dos joyas más:

los síntomas de sobredosis por alcohol incluyen coma, vómito, baja oxigenación e hipotermia. Al tener estas señales es importante acudir al médico de inmediato” (25). ¡Guau! “si entra en coma vaya al médico”, pero por favor note que el mareo, la torpeza y la malacopa no son sobredosis sino parte de la recreación.

“Una sobredosis por inhalables es más probable que una por uso intravenoso de opiáceos como la heroína” (67) Y una por abstención es menos probable que cualquiera por consumo ¿es tan difícil verlo?

Drógate sanamente y recuerda: ciertas sustancias son menos peligrosas que otras ¡Heroína, porque tú lo vales!

Drógate sanamente y recuerda: ciertas sustancias son menos peligrosas que otras … ¡Heroína, porque tú lo vales!

Probablemente esta reseña no sea objetiva y aunque lo asumo, no lo lamento: el asunto me preocupa muy personalmente por muchas razones: mi hijo se acerca a la pubertad, necesito advertirle y el libro no me es útil para hacerlo porque al parecer fue escrito para adultos que ya usan, por ejemplo. Asimismo, conozco de manera muy cercana un montón adictos que por mucho tiempo juramos que no lo éramos pues, por ejemplo, consumíamos drogas legales. Finalmente, leo el libro y escucho el choro que durante décadas se ha tirado a sí misma la clase media(media)culta mexicana y que Snapp canoniza –“la mota es segura: si te matas pacheco en un carro es porque revolviste más cosas” (83)–, ediciones B imprime y no falta quien aplauda desde su columna. Se me revuelve el estómago.

Y sin embargo, así como localicé reseñas inútiles por complacientes (vid supra) o porque su tratamiento resultó colatertal, mientras preparaba este texto hallé otro de Humberto Brocca, Balconenado las drogas, que mantiene viva mi esperanza porque, uno: está interesado en la gente
se distrae la atención del respetable empoderando a las sustancias y se olvida a los usuarios; más importante que la zanahoria es el burro ‒o la burra‒ que la persigue (12)

y dos: no crea mitos, no amenaza, no idealiza
la muerte puede ocurrir desde la primera vez que se usa cocaína, anfetaminas e incluso efedrina por convulsiones e infartos (coca) choque cardiovascular o paro respiratorio (anfetamina, efedrina) o elevación maligna de la temperatura (anfetas pero también es posible con efedrina) (31).

Urge entender, entonces, lo que uno se juega según con qué se divierte

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